JALÓN POR LA VEGA

Silvia Garrote

Periodista


Empoderamiento rural

Cuando escribo este artículo, 50 plataformas ciudadanas de todo el país se habían sumado a la gran manifestación que Soria ¡Ya! y Teruel existe han impulsado para llenar Madrid el próximo 31 de marzo de reivindicación. Es justo, es necesario, además, hacer esta llamada de atención desde la España vaciada, un grito al que se han unido desde todos los rincones olvidados del país, y hay tantos… Digamos que muchas provincias y la totalidad del medio rural están fuera de la agenda política, aún hoy, a las puertas de unas elecciones múltiples. Yo voy a ir, porque me pasaría igual que cuando llega la hora de votar, que si me quedo en casa, me siento culpable de lo que ocurra. Otra cosa es que esté convencida, no de la reivindicación, que me parece de cajón, sino de que exista una voluntad real de cambiar la situación, de equilibrar territorios, de dar una oportunidad a la gente que quiere seguir viviendo en sus pueblos, de repartir con justicia los recursos de los que dispone el país, incluidos los territorios que apenas tienen rédito electoral. Eso ya me parece harina de otro costal.

Lo que realmente falla es una estrategia nacional, eso es, un plan que contenga ideas y presupuesto. Y consenso para poder llevarlo a cabo. De nada sirve analizar una y otra vez la terrible situación de despoblamiento que sufre el medio rural, porque se nos va muriendo el muerto y nada hacemos por remediarlo. La despoblación es una moda de este país, no digamos en Soria. De eso hablaba recientemente el escritor Julio Llamazares en un artículo, de la cantidad de congresos, jornadas, debates y actos organizados en toda España a cuento de la despoblación a los que le invitan, porque parece representar la voz literaria actual de este fenómeno. Desde luego, si alguien puede hablar con conocimiento de causa es él, que desde hace años conoce la realidad demográfica de Soria, de Zamora, de León y de tantos territorios de primera mano. También ayuda que sea el autor de ‘La lluvia amarilla’, una historia que da voz al último habitante de un pequeño pueblo que podría ubicarse en media España. Pero la realidad es que poco se avanza hablando del tema, ahí estoy con el escritor leonés.

Si la incorporación de los jóvenes al campo es casi una utopía, si los trenes regionales son tercermundistas, si se carece de vías de comunicación de este siglo para unir territorios, si las industrias se concentran en las ciudades, si nos quedamos sin servicios médicos, si Internet llega con dificultad o no llega, si no se atiende a los mayores para que puedan permanecer en sus pueblos, si los niños no tienen escuelas, si la cultura pasa de largo, si vivir en una zona que carece de servicios sale más caro que malvivir en una ciudad, si no hay un plan estratégico dotado para crear empleo, ¿qué futuro le espera a esta España?

Y termino con una idea recurrente en mis artículos. Desde estas zonas olvidadas esperamos siempre que la salvación llegue desde las administraciones, y es obvio que las inversiones deben ser más equilibradas y justas, pero también es cierto que es necesario un cambio de la mentalidad de los que aquí vivimos, un cambio que incluye la solidaridad con el que llega, una mayor cooperación entre vecinos, racionalizar los recursos, y destacar todo lo bueno que tiene vivir aquí, que es mucho.


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