SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


La gangrena

Estaba pensando en el titular de este artículo y  me ha tentado la idea de llamarle ‘la lepra’, más que nada por radicalizar el dramatismo que ya tiene de por sí el término patológico que al final he elegido, la gangrena.
Se trata también de un problema de salud espeluznante, y se acomoda más a lo que quisiera relatarles, por aquello de que  tiene su origen en heridas infectadas, que no se curan y terminan por pudrir en vida alguno de los miembros de quienes la padecen. En las guerras era frecuente la amputación en vivo, o previo trago del bebedizo mas fuerte que tuvieran a mano, de la pierna o el brazo ennegrecido e incluso a veces agusanado, con una sierra que manejaba con brutalidad el cirujano o el sanitario de turno, si es que lo había, en la trinchera.
Las batallas políticas, a menudo dejan también damnificados entre el personal civil. Daños colaterales podríamos decir. Gente que se envenena con las soflamas de sus líderes y reacciona mal ante los reveses de las urnas o los pactos posteriores. Estos comicios nos han servido varios ejemplos, en la propia capital, frente al palacio provincial, unas decenas de personas  abuchearon a los protagonistas del pacto que desalojó al PSOE del Gobierno de esta institución. Vale decir que el más sensato parecía al propio  ex presidente, Luis Rey, que recordaba que es legal pactar entre varios porque, al final, la presidencia depende de quien tiene más votos de los diputados. Huelga decir que la historia nos ha dejado casos similares en los que el Partido Popular ha sido perjudicado por la asociación de otros menos votados. Mal pues el escrache, e inútil, porque tiene eficacia cero y no deja de ser una pataleta infantil.
Peor aún es lo de San Leonardo de Yagüe. Una concejala popular ha sido objeto de insultos en las paredes del pueblo. Traidora y lesbiana, le llama alguien que habrá que suponer disgustado porque su abstención  permitiera la investidura de la candidata del PSOE como alcaldesa. La propia afectada lamentaba la cobardía de quien ha pintado la pared con tanta saña y también con buen sentido ha llamado la atención sobre el hecho de que, aunque ella no lo es, alguien utilice a estas alturas la palabra lesbiana como insulto.
En los pueblos, en los que te encuentras cada día con el vecino, este tipo de heridas tardan en cicatrizar, a menudo varias generaciones y los nietos oyen historias a sus abuelos que son como la gangrena que se extiende sin remedio sin que, en estos casos, haya enfermero o matasanos con el serrucho para hacer un apaño y cortar el mal de raíz. Tengan cuidado, las elecciones las carga el diablo.