TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Por dinero

De alguna manera, el pasional aficionado desconecta de la realidad. Asume que esto, el fútbol, es un negocio puro y duro y arrollador, pero él prefiere seguir hablando de sentimientos y amor a unos colores. Y de un 'algo' mágico que ata a los jugadores a un escudo, como si los profesionales pudiesen quedar poseídos... igual que él. «¿Dónde vas a estar mejor que aquí, alma de cántaro?», piensa sin dar mucho crédito a esas informaciones que sitúan a su Fulanito lejos del hogar. Y cuando sucede lo inevitable, que una oferta del carajo sea irrechazable para el muchacho, este aficionado monta en cólera. ¡Pesetero! (¿Se sigue diciendo 'pesetero'?) ¡Mercenario! ¡Desagradecido!

A Lucas Hernández, además por su condición de canterano, le escrutan con cierto desprecio en el Wanda por haberse ido al Bayern, como si el equipo muniqués fuese una filfa sin tradición ni posibilidad (mayor que el Atleti) de ganar títulos: sin duda muchos más en su competición, tal vez al mismo nivel en Europa. Y sin embargo, haberse ido «por dinero» es el gran pecado del central francés, no como Griezmann, que se quedó por el clima; ni Oblak, que renovará porque le gustan las canciones que le dedica la grada; ni Lemar, que llegó por el ambiente golfo de Malasaña; ni siquiera Simeone, que continúa al frente del Atleti sólo por amor al club y es una mera casualidad que sea el entrenador mejor pagado de España y probablemente del mundo (el pasado año tenía por delante a Mourinho, ya fuera del United, y a Lippi, que ha dejado su cargo como seleccionador chino).

La desconexión de ese pasional aficionado es voluntaria, un cuento para protegerse de una verdad que le resulta incómoda. En el fondo, no quiere saber (aunque lo sepa) que la historia de casi todos sus ídolos es una mentira cosida con el hilo con que se atan los fajos de billetes.