Los radares fijos de la DGT duplican sus multas en seis años

SPC
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El dispositivo de velocidad que mayor recaudación obtuvo a lo largo del año pasado está ubicado en la autovía A-66, a las afueras de la capital salmantina y durante 2018 cazó a 26.583 vehículos

Los radares fijos de la DGT duplican sus multas en seis años

Los radares fijos que la Dirección General de Tráfico (DGT) tiene activos en las carreteras de Castilla y León formularon el pasado año un total de 219.567 denuncias por sobrepasar los límites de velocidad, más del doble que las tramitadas por estos dispositivos en 2012 (102.067), y más de la mitad del total de las sanciones impuestas por la DGT en 2018.
A pesar de estar señalizados, el número de multas impuestas por los radares fijos se incrementa año tras año en las carreteras de la Comunidad. Si en el año 2012 representaban poco más del 19 por ciento del total (535.295), su número ha ido creciendo paulatinamente hasta alcanzar el pasado año el 51,1 por ciento del total (429.239).
El radar fijo más ‘multón’ de la red de carreteras en Castilla y León, según datos de la DGT, se encuentra en el kilómetro 340 de la A-66, la autovía de la Ruta de la Plata, a las afueras de Salamanca, justo antes de la rotonda desde la que se accede a la A-62 en dirección Portugal y a la entrada de Salamanca Sur. En total, el pasado año impuso 26.583 sanciones en un tramo limitado a cien kilómetros por hora.
En segundo cinemómetro que más conductores ‘caza’ se encuentra ubicado también en la A-66, pero en la provincia de León. En este caso está ubicado justo antes de la salida 160 (Ardón-Valdevimbre), en dirección León. El pasado año multó a 20.852 vehículos.
Después se encuentra el radar situado en el kilómetro 234 de la A-1. Este dispositivo, que controla el tráfico en sentido Vitoria, se ubica entre el alto de La Varga y el nudo Landa y el pasado año alcanzó las 19.091 multas.
Fuera de las autovías, el radar que más sanciones impuso se ubica en la provincia de Valladolid, en el kilómetro 170 de la N-601, justo antes del cruce de las carreteras de Valdestillas y La Pedraja de Portillo, con 15.524 multas. A muy poca distancia, en quinta posición, aparece el cinemómetro situado en el kilómetro 125.4 de la la A-1, justo antes de la salida de Fresno de la Fuente y la Grajera (Segovia), que controla el tráfico en dirección Madrid. El pasado año cazó a 15.359 vehículos.
Los diez primeros puestos se completan con los radares ubicados en el kilómetro 194 de la A-1, poco antes de la salida de Quintanilla de la Mata (Burgos), en dirección Madrid; kilómetro 347 de la A-6, en dirección Lugo, a la altura del carril de aceleración de la entrada de Manzanal (León); kilómetro 106 de la AP-6, a la altura de Adanero (Ávila), en sentido La Coruña; kilómetro 171 de la A-6, en Rueda (Valladolid) y el ubicado en el kilómetro 237 de la A-1, en dirección Madrid, a la afueras de Burgos.

Afán recaudatorio.

Para el presidente de Automovilistas Europeos Asociados, Mario Arnaldo, el incremento de las denuncias impuestas por los radares sólo responde a un afán recaudatorio por parte de la administración, ya que, estadísticamente, no está demostrado que un incremento de las denuncias de los radares se traduzca en una reducción del número de accidentes ni de víctimas mortales, según informa Ical.
Además, para Arnaldo, este tipo de multas no constituye en un elemento corrector de la conducta de los conductores, ya que ocho de cada diez sanciones son infracciones por superar «mínimamente» los límites máximos de velocidad, factor que se sitúa en quinto lugar entre las causas que provocan la accidentes. A su vez, también critica que nueve de cada diez de estas sanciones se tramitan sin detención e identificación del conductor, «por lo que España se ha convertido en el país de la UE con más abuelos infractores».
En términos parecidos se pronuncia Antonio Lucas, portavoz del RACE, que indica que los radares deben tener una función preventiva e instalarse en puntos conflictivos o en los que se registre un incremento de la siniestralidad, algo que en buena parte de los casos no ocurre. «Si se registra un incremento de las multas y la siniestralidad vial no desciende, es que algo está funcionando mal», sentenció.
En este sentido, Lucas reclama que la instalación de cualquier radar se haga en función de unos criterios objetivos e informando a los conductores, a la vez que propone que realizar de forma periódica informes para cambiar la ubicación de los cinemómetros.

Más control.

A los 97 radares fijos ubicados en la Comunidad, se sumaron desde el pasado 1 de julio cinco nuevos que controlan la velocidad en tramos de carreteras nacionales de las provincias de Valladolid, Palencia, Burgos, Segovia y Soria, dentro del objetivo de la DGT de incrementar la vigilancia en las carreteras convencionales, vías que el pasado año se cobraron en Castilla y León la vida de 85 personas, el 69 por ciento del total.
Los cinemómetros encuentran ubicados en kilómetro 12,6 de la N-610 en Palencia, a la altura de Villamartín de Campos; en la N-122 (262.2), en la provincia de Burgos, entre Vadocondes y Fresnillo de las Dueñas, y en la N-110 (Km. 113,2), en Segovia, cerca de Gomeznarro. En la provincia de Soria se han instalado dos, uno en el kilómetro 406,8 de la N-234, en San Leonardo, y otro en el kilómetro 132,7 de la N-122, en La Omeñaca. En Valladolid el nuevo cinemómetro está en el km 300 de la N-122, entre Peñafiel y el desvío a las localidades de Roa y Castrillo de Duero.