A CONTRAPELO

Benjamín López

Periodista


El aborto

La izquierda ha logrado hacer creer a muchos que el debate sobre el aborto está cerrado, que es cosa del pasado y que solo los muy carcas pretender reabrirlo. En esa apropiación indebida de la superioridad moral que la derecha no ha sabido combatir, la izquierda quiere que callemos ante lo que algunos, bastantes, consideramos una lacra, una indignidad y un atentado contra la vida. Tan desvirtuado está el tema que nos han hecho creer que el aborto es un derecho de la mujer en lugar de lo que legalmente es, un delito despenalizado en determinados supuestos. 
El debate está ahí, no es antiguo ni está cerrado. Está tan abierto y es tan moderno como que el Constitucional tiene que decidir aún sobre la ley de Zapatero. Si, en una incomprensible dejación de funciones, los magistrados llevan más de siete años con el tema en un cajón. Y no es cualquier asunto, es uno que afecta al más fundamental de los derechos, el derecho a la vida. Casi nada. Es incomprensible, pero es así. Cualquier malpensado podría decir que el Constitucional no se atreve a meterle mano a este asunto porque es presa de esa misma presión social y política que pretende enterrar el debate con simplismos como el de Cristina Almeida que hace unos días afirmaba sin despeinarse que un embrión de 12 semanas «es como un quiste». 
El del aborto no debe ser un asunto a olvidar ni a eludir. Cada año son cien mil los abortos que se practican en España. Una cifra descomunal que debería preocupar incluso a los que están a favor, porque el aborto no debe ser un método anticonceptivo. Se mire como se mire siempre es una mala solución y más en un país como el nuestro con la natalidad por los suelos. Abrir ese debate no debería ser un estigma sino una obligación. 


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