CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El Rey tiene la última palabra

Como marca la Constitución, como debe ser, es el Rey quien tiene la última palabra sobre la investidura. Es competencia del Jefe del Estado trasladar a la presidencia de las Cortes el nombre del candidato a la presidencia del Gobierno, tras escuchar a los representantes de los grupos parlamentarios y hacerse una idea acerca de si hay algún dirigente político que esté en condiciones de ser investido. La responsabilidad del quien ha ganado las elecciones es buscar los apoyos necesarios para ganar la investidura, solo así el Rey puede designarle candidato.

El Rey puede no designar a nadie si comprueba la imposibilidad de ser investido, y por tanto convocaría elecciones; o, tras escuchar a los parlamentarios, puede llegar a la conclusión de que un candidato puede conseguir los apoyos necesarios para ser investido en primera o segunda convocatoria. Queda por tanto una oportunidad para que Sánchez sea investido presidente, pero no dependerá de la voluntad de D.Felipe, sino de que el Rey considere, tras escuchar a todos los portavoces, que hay puertas abiertas para el acuerdo. Solo puede escuchar, no inducir, pero cuenta D. Felipe con sobrada capacidad de discernimiento para comprender si un no o un sí son inamovibles o hay margen para la esperanza y se puede formar un gobierno con la necesaria estabilidad.

Situación esta última en la que coincide con Sánchez, que ha llevado las negociaciones con Podemos con los pies, lo que demuestra su escasa talla política. Dio pasos para formar un gobierno de coalición con Podemos, luego puso bola negra a Pablo Iglesias, que renunció a formar parte de ese gobierno para facilitar la coalición; se aprovechó Sánchez de que Iglesias fuera tan torpe como él mismo al rechazar la vicepresidencia y los tres ministerios que ofrecía a Podemos para decir, a la vuelta de verano -ante la indignación de Iglesias- que ya no quería gobierno de coalición, sino apoyo a la investidura con un pacto de legislatura. Alguien le debió apuntar a Sánchez durante sus vacaciones que sin ese pacto de legislatura con Podemos era materialmente imposible gobernar.

El Rey por tanto es quien va a decir. Ha seguido al minuto todo lo que ha ocurrido las últimas semanas, y seguramente tiene una opinión ya hecha sobre qué es lo mejor para España, que es lo que le importa. Pero quiere cumplir con el compromiso de realizar una nueva ronda de consultas, ver la cara a quienes tienen en su mano el futuro de su país y comprobar si su intención es apoyar a un gobierno con garantías de estabilidad o les mueven solo intereses personales o políticos. Con seguridad, antes de anunciar a Batet su decisión, hablará en profundidad con Sánchez sobre la conveniencia o no de que se presente. Porque si es para salir derrotado, probablemente el propio Sánchez pedirá al Rey que no le presente como candidato.

En cinco días se despejará la incógnita.


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