SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Otro cachito

Soria está a 210 kilómetros de Valladolid, capital de la comunidad a la que pertenecemos y que está más lejos de aquí que sus homologas de otras cuatro regiones. A saber, Logroño, Vitoria, Pamplona y Zaragoza. Y aún citaría una quinta, Madrid, porque al disponer de autovía está más cercana en tiempo real de viaje. 
Pero esa circunstancia está en vías de solución. Desde anteayer ya tenemos otros ocho kilómetros y medio más de la A.11 en servicio que, unidos a otros cuatro, más o menos, de la variante de El Burgo de Osma y otros tantos de la de de Aranda de Duero se acercan a los veinte, lo que supone menos de una décima parte del trazado total. Si atendemos a los compromisos de prioridad absoluta para esta infraestructura que vengo escuchando y recogiendo para los diferentes medios en los que he trabajado, anoto que desde 1991, es decir, hace 28 años, el discurso se ha reiterado en  campaña y fuera de ella. No les quiero amargar el día pero hagan una sencilla regla de tres y echen cuentas. Si han sido precisos 28 años para 20 kilómetros, para 210 habría que emplear a este ritmo 294 años. No se alarmen que no va a ser para tanto. 
A estas alturas no hay partido político que no se comprometa a terminar esta vía rápida a lo largo de la legislatura próxima. El último en hacerlo ha sido  Tomás Cabezón candidato al Congreso por el Partido Popular, pero no tardarán los demás en seguir sus pasos. Lo han de ver.
Discurre el trazado de la autovía del Duero por provincias que forman parte de la ‘España Vaciada’, incluida Valladolid, aunque le pese al alcalde de lo que fuera villa y corte otrora y por lo visto aspira a serlo de nuevo, Óscar Puente. Esa circunstancia no es una cuestión menor en la batalla electoral que se libra por la consecución de un diputado que pudiera estar bailando entre los unos y los otros y donde, por muy pocos votos se decanta la balanza hacia el azúl, el rojo, el naranja e incluso el verde. Ya me entienden. He ahí una de las razones por las que todo el mundo habla de soluciones para la despoblación e incluso arriesgan su trabajada imagen  bajo la lluvia en una manifestación en la que, según el ‘estúpido del mes’, ese tan Risto Meijide, huelen a choto los convocantes.
Disculpen pues que no nos entusiasme mucho esta puesta en servicio del nanotramo entre Santiuste y El Burgo de Osma.Recuerdo que, cuando ví la basílica de Santa Sofía en Estambul me quedé embobado y me tuvieron que cerrar mi bocaza asombrada cuando supe que su construcción duró apenas  cinco años. Y ojo que les hablo de que se terminó en el año 537, quince siglos atrás y se pueden imaginar con qué maquinaria.