CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Sánchez, firme ante los independentistas

Se lo acusa de no ser suficientemente firme ante el independentismo, pero no se puede negar que Sánchez, que ha cometido muchos errores como político, ha demostrado que ante los intentos de avance promovidos por Puigdemont y Torra ha sido implacable. Sin olvidar que apoyó la aplicación del 155 durante el gobierno de Rajoy en cuanto se lo propuso el entonces presidente del Gobierno, mientras otros remolonearon antes de su aceptación.

El gobierno acaba de demostrar nuevamente que a los independentistas no se les puede dar ni agua y por tanto no se la va a dar. La sesión del parlamento autonómico del pasado jueves fue bochornosa, solo faltaron las agresiones físicas, pero allí hubo insultos, descalificaciones políticas y personales, expulsiones, abandonos y mociones de los independentistas en las que exigían que se aceptara que el referéndum del 1-O fue legal, se apoyaba a los CDR, se exigía la salida de la Guardia Civil, una ley de amnistía y apoyo absoluto al independentismo. Todo ello dentro del Debate de Política General en el que debe presentar el gobierno sus logros e iniciativas. Poco podía presentar sin embargo porque el Ejecutivo de Torra no gobierna, sino que solo le interesa avanzar en la independencia, como se vio en el debate.

La reacción del gobierno central ha sido inmediata: envío de toda la información a la Abogacía General del Estado para que analice las propuestas aprobadas por el parlamento catalán y tome las medidas pertinentes: recurrirlas ante el Tribunal Constitucional e impugnarlas ante los organismos correspondientes, con la maquinaria judicial y política para defender las leyes españolas y los derechos de los catalanes. De todos, de manera que los no independentistas no sean machacados, como lo son, por el Ejecutivo autonómico y sus numerosos brazos que mueven distintos sectores de la sociedad.

No es fácil, porque la demagogia independentista, la utilización de los medios de comunicación y educativos para lanzar mensajes victimistas y anti españoles, incluida la imagen de la Guardia Civil el Ejército como fuerzas invasoras, ha calado. Aunque el deterioro de la calidad de vida, el miedo a la pérdida de peso económico y la certeza de que las instituciones españolas no cederán, no están cediendo, ha provocado que, al menos, las manifestaciones organizados desde la propia Generalitat, con el apoyo por cierto de la alcaldesa - aunque se declara contraria al independentismo-, decrecen en número y en entusiasmo.

Torra y Puigdemont no están ganando la guerra política en la que están empeñados hasta el punto de considerar pacíficos ciudadanos a quienes daban pasos propios de grupos terroristas que utilizan explosivos para alcanzar sus objetivos. Pero tampoco dan por perdida todavía esa guerra y se envalentonan con algaradas como las del jueves en el Parlament. Aprovechando el aniversario del 1-0 y la cercanía de la sentencia del Supremo, pretenden ganar sucesivas batallas. Y ahí es donde el gobierno central ha plantado cara.


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