COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La desaceleración económica entra en campaña

De la crisis económica que surgió en 2007-2008 y que dio origen a la Gran Recesión que tuvo en nuestro país efectos devastadores algo ha aprendido el Ejecutivo actual. En aquellos años, el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero se empleo a fondo para obviar la crisis, incluso tardó meses en nombrarla. Con unas elecciones en ciernes, las del 8-M de 2008, la sombra de la recesión era negada sistemáticamente. Desde el punto de vista político tenía su razón de ser. Ningún partido en el gobierno hubiera reconocido que se acababa el periodo de bonanza económica para no dar bazas a los adversarios. Luego llegó la realidad y se nombró lo innombrable. Pero ya era tarde y se había perdido tiempo en reaccionar a tiempo ante la confluencia de la crisis mundial y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Todos los datos macroeconómicos conocidos en los últimos días, de la evolución del Producto Interior Bruto a la baja a la ralentización en la creación de empleo y el frenazo de las exportaciones, apuntan a que las turbulencias económicas mundiales comienzan a dejarse sentir sin que se hayan aprovechado los últimos años de ligera recuperación para afrontar nuevas reformas estructurales que permitan hacer frente a la crisis en mejores condiciones.

Al menos en esta ocasión, desde el Gobierno en funciones no se niega la mayor, aunque  siempre se pretende poner el acento en los datos positivos que en los negativos y en la comparación con las economías de otros países que están en recesión o a punto de entrar en ella, lo que es más grave cuando se trata de alguna de las locomotoras europeas. Pero desde la oposición tampoco se puede negar que en esta ocasión, si cabe de forma más visible que en la anterior crisis, la desaceleración de la economía española está íntimamente relacionada con las tensiones comerciales entre EE.UU. y China, la posibilidad cierta de que se produzca un Brexit sin acuerdo y las tensiones geopolíticas originadas por una política agresiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

El conjunto de datos preocupantes para la economía española debe ser un acicate para que los partidos comiencen a centrar su precampaña electoral en ofrecer soluciones sobre lo que se nos viene encima y comenzar a priorizar los problemas de los ciudadanos sobre otro tipo de asuntos que parecen acaparar todo el debate político, como el expediente catalán. A medida que avance el tiempo hacia las elecciones se intensificará el interés por las cuestiones económicas.

Puesto que la XIII Legislatura ha sido fallida es previsible que los partidos apenas modifiquen el programa electoral con el que concurrieron a las elecciones del mes de abril. Los partidos de izquierda apuestan por la modificación del sistema fiscal por parte de la izquierda, con el compromiso adquirido recientemente por el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, de que si se acentúa la crisis el reparto de las cargas se hará de forma equitativa. En 2011, con Mariano Rajoy al frente del Gobierno sí que fueron las clases medias y bajas las paganas de la supuesta fiesta de la que habían disfrutado en los años precedentes. Por la derecha poco tardará en ponerse en circulación el ‘caramelo fiscal’ de la rebaja de impuestos con el que estos partidos concurren siempre a cualquier cita electoral.  


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