TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Todo queda para mayo... quizá

03/04/2020

Desde el Gobierno ya emiten señales en el sentido de que el estado de alarma se prorrogará probablemente durante quince días más, hasta finales de abril. Eso, con suerte y porque no quedará otro remedio, ya que el país está a punto de estallar. Difícilmente se podrá alargar por más tiempo el confinamiento de cuarenta y siete millones de españoles, que ven con desesperación cómo sus mayores se mueren a chorros, cómo sus ahorros se esfuman y cómo sus trabajos se evaporan. No sé si para mayo habremos vencido al virus -todos los expertos te dicen que no-, pero lo que es seguro es que la economía nos habrá vencido a nosotros, en una crisis que es infinitamente peor que la de 2008 y a la que solamente cabe buscarle parangón en el crack de 1929, de la misma manera que esta pandemia solo puede compararse a la de la gripe española de 1918, que costó millones de muertes.

En mayo tendremos al menos un par de decenas de fallecidos sobre la mesa, unas cifras de paro correspondientes a abril que poco o nada, porque serán mucho peores, tendrán que ver con las de este mes de marzo y que nos pondrán los pelos como escarpias. Y tendremos una moral nacional por los suelos, de ciudadanos que no saldrán a protestar a las calles por el simple hecho de que estarán confinados en sus casas, bajo severas restricciones que, de una u otra forma, el Gobierno se tendrá que ver obligado a ir levantando poco a poco. Como en Francia, Alemania, Gran Bretaña o incluso Italia.

En mayo se habrán ensayado unos pactos de La Moncloa que en nada se parecerán a aquellos de 1977 puestos en pie por Adolfo Suárez -cuánto se les echa de menos a él y a otros líderes políticos que culminaron el hoy hecho añicos espíritu del 78-. Esos pactos, que llegan tarde y mal, no servirán de gran cosa, porque no habrá tejido productivo con el que negociar (a ver quién levanta el turismo, primera empresa nacional) y porque carecerán del componente político que sí tuvieron aquellos acuerdos bajo el paraguas suarista. También, desde luego, porque no estarán insuflados de la imaginación, del patriotismo y del espíritu de sacrificio que impregnaron aquella Transición.

Quiero decir que, si algo muy probablemente permanecerá intacto en mayo, que es un mes para el que falta una eternidad de sufrimientos, es la composición de este Gobierno, en el que Sánchez debería, en mi opinión, haber introducido ya cambios profundísimos, gustasen o no a sus socios de Unidas Podemos y a sus apoyos de Esquerra Republicana de Catalunya. El presidente sabe, me parece, que ningún acto parlamentario puede derrocarle -tampoco hay propiamente dicho Parlamento, que ya se ha encargado la señora Batet de congelarlo, así que... y que no pueden celebrarse elecciones, por mandato constitucional, antes del mes de noviembre.

Por eso mismo, Sánchez podría, debería, según el criterio de muchos, aprovechar para poner en marcha una operación política de enorme calado, apoyarse en la oposición y convocar ese gobierno de concentración que sustituya a la actual fórmula de gobernación, esta coalición prendida con alfileres tan inoperante por muchas razones, entre ellas la escasa sintonía del equipo a la hora de mirar en una misma dirección. No podemos seguir anclados en el falso dilema entre 'socialización de la economía' versus 'soluciones técnicas' para arreglarla, es decir, no podemos empantanarnos en la polémica soterrada entre Nadia Calviño, que sabe de qué va la cosa, y un vicepresidente que no, pero que juega bazas meramente ideológicas.

Sé que, como ha dicho el presidente del Círculo de Empresarios, John de Zulueta, esto de un Gobierno de concentración, o de salvación, es una entelequia. Y eso es lo malo: que sea un portavoz empresarial quien se atreva, casi en solitario, a proponer una salida política diferente a la actual, y que su voz no sea secundada desde otras instancias, sindicales, políticas, mediáticas y ciudadanas. Pero esta entelequia en mayo, cuando estemos llegando, exhaustos, a un levantamiento parcial de nuestra reclusión, será, ya lo verá usted, un clamor. ¿Seguirá Sánchez, el único que tiene ahora el poder para arreglar algunas cañerías, seguirán algunos en la oposición, sordos ante el vocerío ciudadano, hoy por fuerza limitado solamente a los balcones?



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