CRÓNICAS BÁRBARAS

Manuel Molares

Periodista. Analista de la política, la cultura y de la sociedad global


Chapuza francesa

Si el desastre de la catedral de Notre Dame de París se hubiera producido en algún monumento español la respuesta de la intelectualidad, los políticos y los medios informativos, especialmente progresistas, habría sido de ensañamiento en la desgracia, que se achacaría al chapucero carácter nacional.

Sabían que ocurriría, denunciarían: este es un país de ineptos y corruptos, porque alguna comisión se habría llevado alguien para eliminar sistemas de seguridad contra incendios en la restauración de tan magna obra arquitectónica; además no se le recordaría como obra religiosa, sino de un pueblo de artistas sin creencias.

Uno de los mayores males de los españoles es su falta de autoestima colectiva, con la que achacan cualquier calamidad o ruina a los demás, nunca a ellos mismos, mientras culpan a circunstancias incontrolables los desastres de los otros, como este de París.

Notre Dame es una joya cristiana y europea desde hace ocho siglos. Concentra además el orgullo nacional, pese al laicismo estatal y a que el país tiene seis grandes catedrales, también de Notre Dame, pero menos veneradas porque no están en, París.

La capital española carece de algo históricamente similar, pero por el país hay al menos una docena de catedrales con arte e historia comparable a cualquier Notre Dame, pero a la que no se les concede el valor de los franceses a las suyas.

Ni siquiera a la catedral de Santiago, coetánea de la incendiada, que nació para inspirar la Reconquista como peregrinación cristiana rival de la musulmana a La Meca. Una catedral que impulsó la desislamización de Hispania para que renaciera en Granada, en 1492.

Pero el chapucerismo separatista y de la intelectualidad progresí trata de quemar esta historia como unos chapuzas franceses propiciaron la quema de Notre Dame.