CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Hora de negociar

Empieza hoy con Pablo Casado y sigue después con el resto de los líderes, de mayor a menor representación parlamentaria. Ni Vox, ni los independentistas, ni Bildu, Pedro Sánchez quiere transmitir un mensaje nítido antes de que se celebren las elecciones del día 26: no pactará ni con los seguidores de Puigdemont y Junqueras, ni con los antiguos miembros de ETA. Sin embargo, no podrá evitar que esas certezas se pongan en duda si necesitara, por ejemplo, los votos de ERC para su investidura; ya se encargaría Sánchez de explicar que Junqueras ha mantenido una actitud ética y política que no tiene nada que ver con el fugado  expresidente de la Generalitat. También Rajoy creyó que con Oriol se podía hablar, y hablaron, pero a la hora de la verdad, cuando se puso en marcha el proceso independentista, Junqueras se sumó a él sin fisuras. Con la grandeza que no tuvo Puigdemont, eso sí, asumiendo sus responsabilidades.
 Las entrevistas de esta semana en Moncloa solo servirán de tanteo para que el presidente en funciones pueda tener una cierta idea de cómo se respira en los principales partidos de la oposición. Sabe perfectamente, que las negociaciones que importan, las definitivas, son las que se celebrarán a partir de que se conozcan los resultados de las municipales y autonómicas, cuando los responsables de los partidos, delante del mapa de España, empiecen a analizar los posibles intercambios de votos: qué Alcaldía o Gobierno regional puede ofrecer a quien se quede corto de votos, al tiempo que se ofrece a quien le da ese apoyo los escaños o concejales necesarios para hacerse con otro Gobierno o Alcaldía. Un mercadeo en toda regla, en el que ya no valen las declaraciones previas de nunca votaré con tal partido, jamás daré apoyo a tal otro, que se olviden los de Vox, Esquerra o Bildu que me siente con ellos. Eso vale para Sánchez pero también para Rivera y Casado, los dirigentes de los tres partidos con más capacidad de gobernar en autonomías y ayuntamientos. Con un cuarto jugador, Pablo Iglesias, desesperado por entrar en el Gobierno, pero que solo recibe calabazas. Ya veremos si entra o no: como Sánchez necesite los escaños de Podemos para conseguir poder territorial, se puede apostar que veremos a Pablo Iglesias de ministro. Y quizá a algún otro podemita.
 Rivera se encuentra en la mejor de las situaciones, con posibilidad de negociar a derecha e izquierda aunque de momento marca distancias con los socialistas. En cuanto a Casado, el día 26 se juega su única posibilidad de levantar un Partido Popular que hoy ha quedado para el arrastre. O corrige los muchos errores cometidos, o su futuro político puede ser breve.
Esta semana, lo único que puede negociar Pedro Sánchez, es la composición de la Mesa del Congreso. Nada de Gobierno ni de investidura.


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