COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Cataluña, al frente y al fondo

De una u otra forma toda la campaña electoral gira en torno a Cataluña, al problema, al conflicto, a la situación, a la conllevanza, a la crisis o a cualquiera de las definiciones que cada cual quiera elegir para definir lo que ocurre con el caso catalán, como afecta al conjunto de España, a la Constitución, al restablecimiento de las relaciones entre los catalanes y de los independentistas con el resto de la sociedad española y sobre la forma de abordarlo.

Tres escenarios. El de los independentistas catalanes empeñados en la celebración de un referéndum de autodeterminación prohibido por la Constitución, que no está amparado en ninguna norma de derecho internacional y sobre el que pretenden alcanzar un acuerdo con el Gobierno de turno. Segundo escenario, el de los partidos de la derecha: la aplicación de forma inmediata, contundente y sine die del artículo 155 que intervendría la autonomía catalana. Tercero: ni referéndum de autodeterminación, ni 155 sino diálogo dentro de la ley y sin saltarse la Constitución para aumentar el autogobierno de Cataluña.

Podría decirse que en el medio está la virtud, que es preciso reconocer que en Cataluña hay un problema que se ha de resolver la forma que en democracia se abordan todas las cuestiones, mediante el diálogo y con las normas propias que lo rigen, la defensa de las posiciones sin maximalismos y con voluntad y lealtad para alcanzar acuerdos. ¿Existe esa posibilidad o están dispuestos a explorarla entre unos y otros? Cataluña, al frente y al fondo, está en el centro de la liza electoral.

La equidistancia que mantiene el PSOE hacia el problema catalán en su programa electoral, y que explica en sus mítines el candidato Pedro Sánchez, despierta las suspicacias y las sospechas de sus adversarios. Pero tras la pretensión de las tres derechas de aplicar la máxima dureza en Cataluña no aparece ninguna propuesta que pueda considerarse una aproximación a la solución del ¿conflicto?, salvo esperar a que, con la intervención total, el soberanismo se desinflame de la misma forma que ha crecido en los últimos años.  A los independentistas tampoco les satisface hablar de aumentar el autogobierno cuando consideran que el autonomismo es una pantalla pasada. Y ante el choque de esos dos trenes se intenta obviar que es preciso ponerse a trabajar para reformar la Constitución.

El programa electoral del PSOE no menciona esa posibilidad, como tampoco se refiere al Estado plurinacional, pero la mayor parte de su propuestas de carácter territorial llevan implícita esa necesidad y están pensadas para ponerla al día y lograr que resista otras décadas más resolviendo lo que se ha dado en llamar un mejor encaje de Cataluña y otras nacionalidades históricas en el conjunto del país, con un sentido federalizante. Consideran que se trata del único modelo viable para superar la crisis, de reconocer la diversidad en la unidad, con el único límite de la igualdad entre todos los españoles. Frente a la recentralización que proponen el PP y Vox el PSOE quiere más autonomismo: todo lo que no se consigne en la Constitución como competencia del Estado será asumido por las comunidades autónomas. Entre los barones de todos los partidos esa música suena bien.

Se trabaja con sospechas más que con certidumbres.