LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La vida de los otros

Angela Merkel ha sido una profunda decepción para Europa. Su agotadora permanencia en el cargo ha destrozado el proyecto europeo. Repasar sus errores de juicio o su criterio voluble es innecesario porque nos basta con saber que es como David Cameron, pero durante 14 años.

Ahora el país tiene que prepararse para la futura transición y encontrar su sitio en un escenario internacional complejo. La primera pregunta sería saber cómo se encuentra Alemania como nación. La respuesta por brutal, resulta difícil de asimilar para el resto de los europeos, pero el futuro es negro si no actúan con rapidez. La bomba demográfica es tan grave que pierden población activa anualmente y en un par de décadas serán bastantes millones de individuos menos. Los incrementos de productividad necesarios para hacer sostenible su nivel de vida no son realistas.

Su potencia exportadora se apoya en el mercado chino y en especial en el automóvil. Su apego romántico al ecologismo de salón ha conseguido que contaminen como nunca por errores políticos de bulto y su factura energética se ha disparado. Su compromiso en la defensa europea ha caído tan bajo que su gasto militar le impide garantizar su seguridad y ser una aliada útil para sus vecinos.

Pero el mayor daño causado por Merkel ha sido el desplegar una política unilateral en Europa. Desde el final de la guerra, Alemania comprendió que debía integrar su política exterior en un organismo plurinacional y tener como aliado estratégico a Estados Unidos en el área de seguridad. En solitario, sus propias dimensiones desequilibraban el continente, pero no lo suficiente para frenar el empuje ruso.

La reunificación alemana puso fin a una división artificial y humillante que el resto de potencias aceptó con dificultad. La existencia de la Unión Europea y la OTAN garantizaban que el amigo teutón no volviera a las andadas.

En estas últimas legislaturas, Alemania ha retrasado la unión monetaria y bancaria a costa de sus socios; ha vetado la energía nuclear e impulsado un gaseoducto con Rusia sin pasar por sus vecinos; ha desvirtuado el acuerdo de Schengen al aceptar un millón de sirios sin consultar a nadie. Ahora decide prohibir la venta de armas a Arabia Saudita afectando a una empresa plurinacional como Airbus. Sus antecesores han soñado con una Europa alemana cuando lo que necesitamos es una Alemania europea. Las decisiones unilaterales en política son peligrosas y desestabilizadoras. Gracias, Angela Merkel.


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