DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Y Herrera cogió su fusil

Pronosticaba quien suscribe hace tiempo que la campaña electoral que ahora nos ocupa podría definirse como la del sidecar, porque la presencia totémica de Juan Vicente Herrera apurando su mandato estaba retrasando la necesaria proyección social de su sucesor en la candidatura del PP. Y así está siendo, solo que aquello que se juzgaba como negativo, el invisibilizar al futuro candidato a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, seguramente esté resultando la mejor baza de los populares. Herrera no solo es el conductor de la moto que transporta en la silla lateral a Mañueco es su peregrinar de campaña, sino que aparece como si realmente aspirase a sucederse a sí mismo. Herrera flagela sin piedad a los suyos, llama soberbios a quienes manejan los hilos del PP en Madrid, y les atribuye la debacle electoral sin contemplaciones. A su lado, Mañueco ha optado por un tono menor, melifluo en los tiempos que corren, abonado a lo insulso de las promesas genéricas en las que ya nadie repara. Llegará un día en que los programas resultarán tan banales como las fotos de los candidatos en las farolas. Muchos ciudadanos en Castilla y León que voten al PP seguramente lo harán pensando en la continuidad de Herrera y no en su relevo. Y esto sin duda tiene más de positivo que de negativo para Mañueco, por el simple desconocimiento popular que existe del candidato.

A la invisibilidad de los candidatos noveles, algo generalizado, sin duda contribuye un cierto hartazgo. España ha vivido en campaña electoral los últimos tres años, de forma intensa desde el triunfo de la moción de censura de Sánchez hasta las elecciones de abril. Es lógico el actual estado de descompresión de la sociedad. Un momento de resaca que engulle a candidatos y programas, que anula los perfiles que los individualiza y que, en consecuencia, definirá el voto por los sentimientos, desde el fiel de toda la vida, y que seguirá siendo así pase lo que pase, a aquel derivado de corrientes emocionales demasiado inmediatas, sin tiempo para ser diluidas. El esfuerzo, sin embargo, nunca será estéril, porque cada uno de los candidatos ya habrá conseguido bastante si los que le son afines no se quedan en casa el día 26.


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