COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La vieja guardia calla

Fue muy comentada la falta de cortesía rayana en la mala educación del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, cuando no felicitó a Pedro Sánchez la noche electoral una vez que se conoció el resultado del escrutinio, como hicieron Pablo Casado y Pablo Iglesias, quizás porque aún estaba rumiando los resultados conseguidos, dado que a pesar de haber alcanzado 57 escaños y situarse como tercera fuerza política, no había conseguido ninguno de sus dos objetivos, ni sobrepasar al PP ni echar a Pedro Sánchez de La Moncloa. Finalmente lo hizo un día después a última hora y mediante un whatsapp. Cosas de la modernidad. 

Tampoco hay constancia pública de que lo hayan felicitado los destacados miembros de la vieja guardia que se consideran los guardianes de las esencias del socialismo, que  en muchos casos parecen más próximos ya a partidos competidores, contribuyeron a su defenestración y luego se posicionaron del lado de Susana Díaz en las primarias, o no ocultaban sus dudas acerca de su posibilidades de sacar al partido del pozo en el que él mismo lo metió en las elecciones generales de 2016, cuando consiguió los peores resultados absolutos del PSOE desde la recuperación de la democracia, o que han dudado de la firmeza de Pedro Sánchez ante la pretensiones de los independentistas.

El único que ha hablado públicamente ha sido el exvicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerrra, que se encuentra de promoción de su último libro y por tanto expuesto a las  preguntas de los periodistas y lo ha hecho para mostrarse a favor de un pacto entre su partido y Ciudadanos, en contra de un sentir muy amplio de la militancia del partido que la misma noche electoral ya dijo que "Con Ciudadanos, no", pero que considera que es lo más deseable para la estabilidad del país. Aunque se ha considerado a Alfonso Guerra más a la izquierda que otros compañeros de partido, siempre se ha mostrado reacio a una entente con los partidos situados a la izquierda del PSOE. 

Se ha producido, por tanto, otra falta de cortesía por parte de los líderes históricos, que oculta un mar de fondo, a pesar de que ha devuelto al PSOE al Gobierno, ganando con nitidez en unas elecciones y superando  los resultados de su predecesor Alfredo Pérez Rubalcaba, que sufrió la peor derrota de los socialistas en términos relativos, porque cogió el partido con 165 escaños y lo dejó con 110 cuando todavía la partida se jugaba solo en el terreno del bipartidismo.

Y por supuesto, los líderes regionales que se han mostrado críticos con el liderazgo de Sánchez tampoco podrán atribuirle los resultados que saquen en las elecciones autonómicas y locales porque el PSOE ha ganado en todas la provincias menos en cuatro que lo ha hecho el PP y las que han conseguido los nacionalistas vascos y catalanes en sus feudos.   


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