TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El viaje

Ayer me describían este final de campeonato como esos últimos 50 kilómetros de un largo viaje al volante, donde se mezclan el deseo de que termine, la satisfacción de (casi) haberlo conseguido, el cansancio y el hastío, el riesgo del accidente por despiste, el enésimo «¿Falta mucho?» del niño, el imperceptible olor a cuarto cerrado, las

enormes-enormes-enormes ganas de que todo acabe... Ese lento caminar hacia el título esconde dos trampas. La primera, de consumo propio azulgrana, que invita a su parroquia a pensar que el éxito es parte de la rutina; ganando ocho de los últimos once campeonatos, habrá un porcentaje de la masa social del Barça que se frustrará si no

son nueve de doce, diez de trece, etcétera. Esta aparente sencillez, fruto del cansancio de todo el viaje anterior, es la que puede confundir a ese aficionado que hablará de crisis o fracaso si el año que viene no vuelve a ganarse el título más complejo de todos.

El segundo truco oculto tras estos últimos kilómetros de trayecto está en esas zonas desatendidas por el gran público: lucha por la cuarta plaza, lucha por Europa, lucha por la salvación... Por mucho que pensemos que este miércoles puede terminarse todo (una carambola no desdeñable: el Barça gana en Mendizorroza y el Atlético pierde con el Valencia), todavía hay muchos equipos con mucho por recorrer. La vieja costumbre de olvidar a 18 equipos... Por supuesto que los viajes de muchos de ellos no llegan tan lejos como los de los guapos, pero quien con 20 llega lejos tiene casi más mérito que quien 200 considera el título «objetivo cumplido». Y si lo piensan fríamente, ni Madrid ni Barça pueden finalizar una Liga «por encima de sus posibilidades» o «superando toda expectativa», algo que los Getafe, Alavés y compañía sí pueden poner en su currículum del año. Cuestión del vehículo que conduzcas, claro.