SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Como zapatos viejos

Qué poco vale la vida de algunos. No, no pienso en clave electoral. Estoy demasiada harta de elecciones como para escribir más sobre ellas. Reflexiono sobre el valor de la vida tras conocer que los restos óseos que se encontraron en La Fuentona son humanos. No se investiga nada porque tienen más de veinte años. Cuando el subdelegado del Gobierno me explicó que la ley permite archivar investigaciones de cadáveres o restos de más de veinte años la que se quedó muerta fui yo. No han informado de cuántos años hace exactamente que murió el pobre propietario de los huesos hallados. ¿Veinte y medio? ¿Treinta y dos? ¿Ciento veinticuatro? ¿Mil doscientos uno? ¿Por qué saben en el Instituto de Medicina Legal que no tienen valor histórico?
¡Qué poco vale la vida de algunos! ¡Pobre muerto! ¿Cómo es posible que se archive sin más? ¿A nadie le importa el muerto? Me llama la atención que exista tanto interés en devolver la dignidad a los restos de los que fueron asesinados en la Guerra Civil y la dictadura, pero no sea necesario para esta persona de la que desconocemos todo. ¿Sería hombre o mujer? Me pregunto si murió joven o viejo. Si se enamoró muchas veces o pocas. Si reía con frecuencia o tenía un carácter severo como el de los hombres castellanos. ¿Lloraría a menudo? Quizá solo lloró al nacer o alguna vez de niño. ¿Dónde vivió?, ¿con quién? Es probable que formara una familia. Que se emocionara al ver nacer a algún hijo. Si fue mujer quizá tuvo algún parto de esos que no olvidas porque el crío viene de nalgas. ¿Amamantó? Tanto si fue hombre como mujer, enseñaría a andar a esos hipotéticos hijos y a hablar. Y les inculcaría unos valores. Me pregunto si era un hombre charlatán o reservado. Tímido o extrovertido. 
Más de veinte años muerto. ¿Nadie le ha reclamado en este tiempo?, ¿nadie le ha echado en falta?, ¿cómo murió?, ¿solo o acompañado?,  ¿cuál fue la última palabra que salió de sus labios?, ¿y la primera? Probablemente «papá», porque es la expresión más sencilla, más que mamá. ¿Su muerte fue natural o provocada? Si fue asesinado, ¿quién lo hizo y cómo? El porqué no me lo pregunto porque creo que no hay ninguna razón que permita a un ser humano acabar con la vida de otro. ¿Cómo llegaron sus restos a un paraje tan fantástico como la Fuentona?
Me asaltan muchas más preguntas que el informe del Instituto de Medicina Legal no responde con su escueto «archivado por tener más de veinte años». Los senderistas solo encontraron huesos faciales. ¿Dónde está su fémur, su cúbito, sus costillas, su tibia?, ¿los buscó la Guardia Civil cuando retiró los faciales? O quizá la Madre naturaleza se ha nutrido de ellos a lo largo de esos más de veinte años desde que fueron abandonados como Sabina abandonaba los zapatos viejos. 


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