CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El futuro de Iglesias, en globo

Quería ser vicepresidente de gobierno controlando media docena de carteras de primera categoría. Las elecciones de abril le obligaron a poner los pies en el suelo como el resto de los mortales, y ya solo aspiraba a ser ministro, aunque su convicción de que lograría serlo llegaba a ser insultante, porque el resultado de las urnas había sido penoso para su formación. Iglesias sin embargo no parecía darse cuenta de su situación.
Una situación de malos resultados electorales, tensiones internas, el malestar por la injerencia de sus relaciones personales en la política de su partido, la marcha de sus mejores compañeros de aventura podemita o la indignación que provocaron sus declaraciones contra Amancio Ortega por donar tecnología puntera contra el cáncer a la sanidad pública. Que sí, que todo el mundo sabe que se consiguen exenciones fiscales con las donaciones y fundaciones, pero el empresario gallego actúa exactamente igual que otros multimillonarios s a los que el mundo entero elogia por dedicar parte de su fortuna a cuestiones sociales en lugar de invertir en nuevas líneas de negocio. A Iglesias le ha hecho daño Galapagar, pero su actitud ante las donaciones de Ortega ha sido tan letal, o más, que el famoso chalet con piscina.
Solo ahora, tras el fiasco de las municipales y autonómicas, da la impresión de que Iglesias ha empezado a asumir que la realidad es tozuda, los tiempos no le son propicios y ya se puede ir olvidando de sus ambiciones gubernamentales. A Sánchez además no le llegan los votos de Podemos para ser investido presidente, así que Iglesias se encuentra en una precariedad política de imprevisibles consecuencias. Su estrategia pasaba por entrar en el gobierno y no presentarse a la reelección como secretario general de Podemos en el congreso que debe celebrarse antes de que finalice el año, donde esperaba que fuera elegida presidenta Irene Montero y así todo quedaba en casa. 
Hoy ese futuro perfectamente diseñado está en globo. Pedro Sánchez busca otras parejas de baile y Errejón ha conseguido un resultado espectacular en Madrid que le permite con soñar con el liderazgo de la izquierda en la capital y en el resto de España. Su figura se ha engrandecido en los círculos podemitas al mismo ritmo que bajaba la de Pablo Iglesias, y de los fundadores de Podemos solo le queda a Iglesias un Juan Carlos Monedero, que no es un hombre que provoque un entusiasmo desaforado: le gusta abrir debates incómodos que no suman simpatizantes. También han tenido un gran resultado los promotores de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez y Kichi, que fueron de los primeros que se apartaron del líder nacional.
Pablo Iglesias ya no es lo que era. Primero le abandonaron las famosas confluencias y después los suyos, sus compañeros de aventura política, porque la prepotencia y el nepotismo alientan el fuguismo, la huida. 
La marca Podemos hoy está devaluada … por culpa de su creador. 


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