"Que sí, que sí. Que ha tocado aquí...pero no a mí"

Nuria Zaragoza / A.I.Pérez
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Los Álamos fue una fiesta durante todo el día. Los clientes habituales celebraron la suerte repartida por la familia López Cabrerizo

"Que sí, quesí. Que ha tocado aquí...pero no a mí" - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

Nuria, ¡ha tocado el Gordo en Los Álamos! Me han entrado unos nervios... que no encontraba el número en el cajón. Pensaba que era el nuestro, el que llevamos todos». Las palabras son de mi compañera, Anai, que ayer estaba de guardia en el periódico cubriendo el sorteo extraordinario de Navidad. Su llamada sonó en mi teléfono a las 12.40 horas, cinco minutos después de que saliera el Gordo. A las 12.45 horas, nos encontrábamos en Los Álamos, el bar que ha repartido 800.000 euros en dos décimos del 03.347. No era nuestro número, pero permítannos que escribamos esta crónica en primera persona y con cierta emoción en el cuerpo. Porque este año el Gordo nos ha ‘tocado’ muy de cerca...
Porque Los Álamos es el bar donde tomamos todos los días el café y, en las etapas de más trabajo, casi como nuestra segunda casa. Juana Cabrerizo, la Juani, es la que nos recibe todos los días con un ¡buenos días chicas!, el alma de este negocio que lleva más de 40 años sirviendo los almuerzos de decenas de trabajadores de todos los gremios que día tras día nos damos cita allí. Su hijo, José Pedro López Cabrerizo, el Chete, es la empatía y el detalle. El que hace sonar el cumpleaños feliz el día de nuestro aniversario, el que te saca una sonrisa cuando te ve muy seria, el que te pone el sobadillo, la galleta, el kit-kat, la piruleta… con tu café, el que te sirve el café (al gusto de cada uno) casi al mismo tiempo que entras por la puerta. Y su hermana Susana, Susi, es la amabilidad en persona, la dulzura. Ellos son parte de nuestra familia del trabajo, y por eso su felicidad de ayer fue también un poco (o quizá un mucho) la nuestra. 
La nuestra, y la de los numerosos clientes que se dieron cita allí tan pronto como corrió la voz. Porque Los Álamos era ayer una fiesta de la que todos formaban parte, aunque no les hubiera tocado. «Han sido dos décimos. Si llega a ser el número de la casa... ¡tenemos aquí una celebración como Los Agés!»,  apuntaba ayer un emocionado Chete tras recibir la llamada de la Delegación de Loterías y Apuestas del Estado de Soria que les confirmaba que habían vendido dos décimos del Gordo. «Estamos muy contentos, muy felices. Alegres de la felicidad de la gente», añadía, al tiempo que se abrazaba, gritaba, bailaba, saltaba... con cada uno de sus clientes. 
A ninguno de los presentes en ese momento les había tocado el premio, pero los López Cabrerizo se hacen querer y ayer se notó con un bar abarrotado de gente donde la ilusión de Juani, Chete y Susi era compartida. «Que sí, que sí, que sí. Que ha tocado aquí... pero no a mí», gritaban dos grupos de jóvenes que se encargaron de celebrar el premio como si fueran los agraciados. Pronto sacaron las trompetas, el bombo... y pusieron a sonar las sanjuaneras, envolviendo en la fiesta a todo aquel que se acercaba por el local o que pasara por la calle Marqués de Cerralbo, donde se trasladó también la celebración.
llamando al gordo. «Estaban llamando al Gordo desde primera hora de la mañana»,  apuntaba el regente de Los Álamos,  agradeciendo la felicidad transmitida por estos jóvenes que desde las ocho de la mañana se habían sentado frente al televisor del bar para ver el sorteo extraordinario de Navidad. Lo hacen todos los años, y todos los años celebran los premios, toque o no en Soria. Pero este año la fiesta aumentó exponencialmente porque había motivo cercano. «Son amigos de la casa y llevan aquí desde primera hora. Han ido celebrando toda la mañana que no nos hubiera tocado y, luego, cuando nos han llamado de la Delegación de Loterías y nos han dicho que habíamos vendido dos décimos del Gordo y se lo he dicho... ellos han celebrado los que más, han celebrado que alguien, algún cliente, algún amigo, le ha tocado el Gordo. Son geniales», agradecía el propietario del establecimiento. 
la visita del agraciado. «Hemos vendido dos décimos pero no sabemos si ha sido a dos personas o a la misma. La verdad es que hemos vendido mucha lotería porque el décimo de la casa se acabó muy pronto y había gente que me decía ¡dame el décimo que salga, aleatorio! y, entonces, ha podido pasar cualquier cosa», apuntaba Chete nada más conocer que había repartido el premio. Pasaban unos minutos cuando recibían en Los Álamos la llamada telefónica que ponía ya cara al agraciado. Los dos décimos se habían vendido a una misma persona, que los jugaba compartidos con su familia. Desde el establecimiento no daban ningún detalle por respeto al cliente. 
Pasadas las dos de la tarde, llegaban parte de los afortunados al establecimiento para dar las gracias a la familia López Cabrerizo. Dos padres y dos hijos, los dueños de Frutas Martínez, se repartían los 800.000 euros. 
Al bar acudía uno de los padres, Ángel Martínez, acompañado de su mujer, Carmen, quienes no podían esconder su alegría por el premio, que se queda en Soria. Llevan jugando ese número «desde hace 20 años» y lo compra siempre su sobrino porque «era el número de la matrícula de su coche», explicaba Carmen, quien recordaba que son una familia con suerte ya que les ha tocado en anteriores ocasiones. 
un punto con suerte. La suerte de los agraciados se sumó en este caso a la suerte del punto de venta, ya que en los apenas tres años que lleva dispensando Lotería Nacional el bar de Los Álamos han repartido ya estos dos décimos del Gordo de Navidad y «un premio de 31.000 euros de la Bonoloto». «Ese fue nuestro estreno, y la verdad que es como si me hubiera tocara a mí. Está feliz, y esto ahora ya es insuperable», apuntaba ayer el responsable del establecimiento. 
43 años en el negocio. La familia López Cabrerizo, que en cuatro meses crecerá un poco más, cumple el próximo mes de junio 43 años en Los Álamos, «un negocio familiar que arrancaron nuestros padres y que ahora seguimos los hijos con los trabajados, que son parte de la familia», recuerda Chete. 
El número de la casa, el 88.633, se vendió «rápidamente, visto y no visto», por lo que muchos de sus clientes se quedaron sin lotería. Por ello,  el sueño es ahora que la suerte, que ya esté cerca, la próxima vez llegue a todos sus clientes, su familia.