Un curso oficial del Ministerio forma a 20 nuevos resineros

Ana Pilar Latorre
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Un curso oficial del Ministerio forma a 20 nuevos resineros - Foto: [[[Eugenio Gutierrez Martinez.; Eugenio Gutiérrez

Varios monitores los preparan para el derroñe y les cuentan sus experiencias en la profesión recuperada

Una veintena de alumnos ha participado esta semana en el curso de técnicas de resinación de pinares en Tardelcuende, una actividad organizada por el Ministerio de Agricultura con la colaboración del Ayuntamiento de Tarldecuende, la Diputación Provincial y la Junta de Castilla y León. Llegan de lugares como Extremadura, Calatayud, Tarragona, El Royo, Berlanga de Duero y Soria capital e intentan aprender, sobre todo, los detalles del trabajo en el monte de la mano de expertos resineros y, además, la forma de salir adelante en el oficio en cuanto al régimen de autónomo y todo el papeleo que conlleva sumarse al sector.
El alcalde, Ricardo Corredor, nos acompaña hasta el monte en el que los alumnos están realizando las prácticas. Cerca del paraje emblemático de Aguanclara y del límite del incendio del año 2000, se encuentra el monte 185, dividido en las zonas A, B, C y D. Huele a resina pero es un año seco y se nota que falta agua... El Ayuntamiento está trabajando en la limpieza de la maleza en la zona para que, en caso de incendio, se pueda cortar el fuego; y en un canal de agua. «En doce años los montes han sufrido o gozado un cambio importante, con limpieza, tránsito de vehículo...», apunta Corredor. En las proximidades también hay un claro donde los corzos se juntan al anochecer.
Al grupo que primero encontramos en el monte les enseña Pavel Gerginov Ropanski, un resinero búlgaro afincado en Tardelcuende desde hace cuatro años. Se le han adjudicado 50.000 pinos y va a contratar a otros resineros, espera que sean cinco y el próximo año cuatro más.Todavía no ha hecho balance de esta temporada, pero espera que sea positivo y «no perder dinero».  
«Se quiere que los alumnos aprendan para que después puedan coger  sus pinos. Yo creo que todo son ventajas, porque se trabaja al aire libre, no se tiene jefe, hay tres meses de vacaciones en invierno y en verano incluoso se pueden coger dos, el sueldo es bueno...», explica Pavel sin ocultar que «también es un trabajo duro y que se aprende a base de errores, sobre todo en el primer año». Lo que más cuesta a los alumnos es el derroñe, ya que «implica una mayor fuerza física». «Están contentos, porque son las seis de la tarde y siguen trabajando...», bromea el monitor. 
Mahamadu Kante, africano afincado también en la localidad junto a su familia, es uno de los alumnos y apunta que «trabajar de resinero y al aire libre es sano». Siempre se ha decantado por trabajar en el monte, como forestación y madera. Está animado para pedir pinos y trabajarlos en la localidad. Opinan igual Abderrahim Sanahe y Amin Samadi, que también están haciendo el curso, que creen que es un oficio en auge y que no quieren dejar pasar la oportunidad para aprenderlo. La actividad ha contado, además, con charlas sobre la industria y las perspectivas del sector, al que Soria ha dado un impulso.