UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Seriedad

De todo el lío que se preparó estos días pasados, a medida que se acercaba el final del plazo de los dos meses en que hubiera podido votarse una investidura y evitarse la repetición de las elecciones generales, lo que peor sabor de boca me dejó fue la sensación de inmadurez en que parece desenvolverse la política española desde hace algún tiempo. Ojalá me equivoque y sea una percepción mía, personal y subjetiva. Pero en muchos momentos daba la impresión de que estábamos asistiendo a un juego un tanto frívolo, en el que cada uno de los protagonistas tenía una decisión tomada de antemano y ninguna voluntad de cambiarla. Como si faltara seriedad, o sinceridad. Como si los pasos que se daban, las ofertas que se hacían, las propuestas que se insinuaban, fueran simplemente piezas de una estrategia diseñada para eludir culpas, para tomar ventaja, o para sorprender a otro; pero siempre sabiendo que el final sería el que fue, esto es, la falta de cualquier acuerdo que permitiera resolver el bloqueo sin poner otra vez las urnas.
Parto de la base de que, en la política, como en otros órdenes de la vida social, cada uno tiene derecho a defender su interés y a actuar conforme a lo que considere más ventajoso para su posición. De esto no tengo duda, y asumo que tal actitud pueda llevar a situaciones complejas y de difícil solución, como tantas veces ha ocurrido y ocurrirá. Pero también entiendo que debe haber algún límite a la inflexibilidad, especialmente si se dan determinadas circunstancias. Esta vez habíamos llegado al impasse tras cuatro años ya de poca estabilidad, con una repetición electoral, un gobierno en precario, una moción de censura y otra vez elecciones anticipadas; además, el resultado electoral parecía dar garantías de certidumbre, pues había soluciones de gobierno en distintas direcciones. ¿No eran estas circunstancias suficientes para encontrar una solución?
Vendrán ahora los días de la imputación de culpas. Y seguro que unos tendrán más culpa que otros. El problema es que es la política, el sistema, la representatividad, la confianza, o todo ello en conjunto, quien lo sufre. Y no estaba el horno de la desafección precisamente vacío, como para echarle más leña al fuego.


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