ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista. Editor de informativos de RTVCyL


Resucitados

El mismo día que presumía de cerrar el círculo de la democracia en nuestro país por desenterrar unos huesos, Pedro Sánchez se fotografiaba en Nueva York con el líder de los ayatolás y máximo representante de la teocracia islamista que gobierna en Irán. A este lado del charco, la ministra de exhumaciones y cosas franquistas, Carmen Calvo, se ponía medallas por el auto del Supremo que avala la decisión del Gobierno de sacar los restos de Franco de la basílica del Valle de los Caídos y de inhumarlos en el cementerio del Pardo. Estamos en precampaña y no podía faltar el comodín de la momia del dictador. Pedía la vicepresidenta que se hiciese cuanto antes y el ministro del Interior que se hiciera con sigilo.
Un par de días después de resucitar a Franco, el PSOE devolvía a la vida política a Iñigo Errejón. Al ex camarada de Pablo Iglesias le han puesto un par de ejercicios: en primer lugar tiene que hacer la puñeta a su viejo socio en circunscripciones sensibles para Podemos y cuando lo consiga debe convertirse en la muleta que necesita Pedro Sánchez para seguir en la Moncloa o en el pegamento que una a socialistas y podemitas.
La irrupción de Más País, no confundir con Más España, añade una dosis extra de populismo e incertidumbre a la política nacional. Sociólogos y demóscopos, excepto Tezanos, que tiene muy claro el sesgo que debe dar a sus encuestas del CIS, lo van a tener más difícil que en elecciones anteriores. Los nuevos actores y el hastío generalizado de la ciudadanía van a ser contingencias capaces de arruinar cualquier sondeo.
Esta semana milagrera también nos sorprendía con la resurrección de Silvia Clemente. La política reaparecía meses después de su pucherazo interruptus en una entrevista en la Cadena Ser para saldar cuentas. ¡Más Madera!


Las más vistas

Carta del Director

Revuelto micológico

No 'rumanicemos' el delito, detrás de cada recolector ilegal hay un comprador que alimenta esa práctica. También se da una suerte de nacionalismo setero: con tanto acotado, el aficionado medio va a precisar de escuadra y cartabón para salir al monte