FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


Viaje al centro de Casado

Ni Julio Verne, que imaginó todo un viaje al centro de la Tierra, sería capaz de figurarse uno al centro de Pablo Casado. Y menos aún Franco Battiato, que al describir en una de sus canciones más célebres la necesidad y las ventajas de conquistar el "centro di gravitá permanente", no dejó resquicio por el que pudieran dirigirse las ocurrencias del PP de Casado durante la campaña, tan despendoladas y extremas, hacia ese centro maravilloso "che non mi faccia mai cambiare idea sulla cose, sulla gente".

De un día para otro, sin embargo, el hombre de la sonrisa imposible ha cambiado, o dice que ha cambiado, sus ideas sobre las cosas y sobre la gente. Así, en menos de 24 horas, una cosa, Vox, que era para él algo afín, un partido colega con el que no pisarse las mangueras, un coaligado perfecto para un gobierno futuro, ha pasado a ser, súbitamente, de extrema derecha, y un agente, Abascal, su caudillo, un tipo dado a chupar de toda clase de mamandurrias.

Claro que en esas 24 horas se dio un guarrazo en las urnas de los que hacen época, y ahora busca el centro que le centre para ver si, por lo menos, no tiene que vender la sede de Génova para seguir llevando el tren de vida de antaño, cuando su partido estaba tan centrado en sacar dinero de las piedras A y de las piedras B que hasta las reformas del inmueble le salían gratis. Casado, lo que queda del PP tras sus purgas, necesita desesperadamente el centro del que le sacó un Aznar que ahora le aconseja, tan pancho, que retorne a él. Lo necesita, lo busca, pero como se ve que dentro de sí, que es la línea de partida indispensable, no lo encuentra, ha optado por la vía marxista (Groucho) para el arranque de tan incierto viaje, haciendo suya la máxima de "estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros". No han gustado, en verdad, los que tenía, pero esos otros, los del centro político, se le han quedado más lejos que el centro de la Tierra precisamente.

Cuando Casado ganó las primarias del PP, las ganó prometiendo que insuflaría al partido una ideología, que no tenía, y, en su simplicidad, pilló la que tenía más mano, la de Vox, donde se agrupaban los que antes que él se habían propuesto "ideologizar" el partido montando otro. ¿Cómo no iba a acabar descentrado el hombre y, en consecuencia, a los votantes del ramo? Y ahora, a ver cómo vuelve al centro, si los pájaros se han comido las miguitas del camino de regreso.  


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