TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Miserables

Escribo desde la indignación, que ha ido creciendo conforme me enteraba de más datos sobre lo ocurrido el domingo en el campo de exterminio nazi de Mauthausen. Coincidiendo con el aniversario de su liberación por las tropas aliadas el 5 de mayo de 1945, se celebraba allí un «Homenaje de España a sus víctimas del nacismo». A todas. A los 4.816 asesinados por los métodos más infames y a los más de 2.700 que lograron sobrevivir. De ellos, cuatro hombres y una mujer aun viven. No pudieron acudir al acto por razones de salud. Y en el recuerdo de aquellos horrores, los casi cien mil muertos de todas las nacionalidades gaseados, fusilados, ahorcados, torturados, encerrados hasta perecer de hambre y sed, reventados extrayendo granito y cargando con los bloques por los 186 escalones de la llamada «escalera de la muerte». Mauthausen, un lugar, una fecha y una memoria para reflexionar y para prometer y prometerse a uno mismo que barbaridades perpetradas por el régimen de Hitler no pueden volver a ocurrir. Pues bien, delante de las personas que acudieron, sensibles e impactadas, al homenaje y delante de escolares españoles a quienes sus profesores habían llevado a conocer el campo de exterminio para que supieran el alcance del horror, la representante de la Generalitat de Cataluña habló de «presos políticos» y calificó de triste para la democracia la prisión provisional de Raúl Romeva que, hace dos años y en su condición de «ministro» de Exteriores del gobierno catalán, colocó allí una placa en recuerdo de las víctimas… catalanas. La señora Gemma Domenech, directora general de Memoria Democrática, exhibía un lazo amarillo. Quizás no cayó en la cuenta de que era el color con el que los nazis señalaban a los judíos. Los españoles, catalanes incluidos, llevaban el azul ya que Franco los había declarado apátridas. Ante las palabras de doña Gemma, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y bastantes asistentes abandonaron el acto. Hicieron bien. Usar Mauthausen como plataforma del separatismo es el súmmum de la miseria moral. Pero ¿será el último episodio?


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