LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Ricos y políticos gestos

Volvían mis ruedas fatigadas de otro viaje y entraron, aturdidas, en la Corte, donde las banderas del arco iris poblaban los edificios institucionales y no pocos comercios. Incluso el Ministerio de Exteriores iluminado estaba con homosexuales o transexuales colores, cubriendo con banderas de esta nueva nación que pareciera no tener fronteras la Filmoteca Nacional o sus archivos... Los carteles del ayuntamiento madrileño, con figuras señaladas como héroes, dicen: «nuestro mayor orgullo». La ciudad en la que imperó Carmena y sus revoltosos muchachos ha dejado preparados todos los rituales con gran detalle. Ahora el orgullo se centra en los modos antes perseguidos de utilización o cambio de los sexos, sin límites a su uso. Nadie habla de amor, sino de manejo al antojo de cada portador mientras las instituciones adiestran nuevos predicadores que dan sus gay sermones, aunque no siempre sean alegres. Algunos, hartos de tanto adoctrinamiento, de modo bárbaro, reaccionan violentos o insultando a quienes ostentan diferentes orientaciones abdominales. Crecen símbolos y gestos, en ellos gastan los generales presupuestos: pan y circo, cabalgatas o animosas procesiones. Varios días antes ya han establecido un ciclo de festejos y conciertos para recalentar las calles de la capital del antiguo imperio donde el sol no se ponía, hace ya algún tiempo. Del reparto de la gran riqueza que algunas multinacionales se llevan y, mejor, del trabajo, no hay cuidado, como de preparar el tormentoso futuro de las pensiones, de los hijos que no llegan pues casi no hay familias o estas quedan disueltas tan presto que apenas un vástago dejan entre disputas y abogados cuando llegan disoluciones o divorcios; del despoblamiento, de las generaciones nuevas perdidas en sus dispositivos móviles, entre pantallas con sonrisas de plástico, sin estudiar ni proyecto laboral. ¿Soluciones? - Silencios. Que se diviertan mientras puedan y practiquen lo que hace poco eran vicios y ahora diríanse virtudes: el dios Eros ocupó el trono. Pero no es solo en nuestra ardiente geografía donde rituales así se extienden. Otros países en el norte también han enarbolado las banderas de estos genitales para ensalzar a quienes hace poco eran condenados como degenerados o pervertidos, considerados hoy casi como mártires o en cualquier caso modelos de nuevos sistemas de pensamiento que cambiar quieren lo correcto y hasta lo honesto. Ritos, como los representados por los representantes políticos que de nuevo eligieron los británicos, mientras les siguen mintiendo, habitando entre gestos, sin decir lo que esperan: mientras ricos mercaderes o financieros podrán librarse de las trabas de Bruselas para extender su imperio, el pueblo quedará de nuevo aislado entre nuevas crisis y padecimientos. Desolador imagen ha sido contemplar a los diputados de la Pérfida Albión dando el trasero a la oda a la alegría de Schiller, divina música de Beethoven: himno de la Unión Europea. Algo más que grosero: ¿política de traseros? 


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