Serrano, todo o nada

Nuria Zaragoza
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Serrano, todo o nada

Llegó al PP hace solo cuatro años y se ha convertido en el hombre fuerte, el elegido para enmendar las fisuras pasadas. Admite que no tiene «amigos del alma» en política. «Esos los haces fuera» porque «a la política se viene a trabajar"

No estaba en sus planes pero ha llegado a ser uno de los hombres fuertes del PP. Y eso que apenas hace cuatro años que aterrizó en las filas ‘populares’... 
Benito Serrano es el nuevo presidente de la Diputación Provincial de Soria. De manera sigilosa, sin mancharse nunca las manos en el ‘barro’ de egos, pasando de perfil en las polémicas internas, ha ido ascendiendo posiciones hasta sentarse al lado de la presidenta, Yolanda de Gregorio, y ser llamado a filas desde Génova para afrontar el gran reto:volver a unir el partido, ahora desde la Diputación. Si no puedes con el enemigo, únete a él, debió pensar Madrid. Era eso o perderlo todo, así que lanzó el órdago. El resultado, un tripartito siguiendo la línea nacional (PP-Ciudadanos) y sumando a los que un día se fueron (ahora unidos bajo las siglas de la PPSO). Las diferencias del pasado están olvidadas. Todo por el bien de Soria. Eso dicen. Pero nadie ignora que antes ha habido un reparto de pastel.
Serrano se estrenó en la actividad política hace doce años en Golmayo, donde reside. Entonces, lo hizo de la mano de una agrupación independiente de electores, Unidad por el Cambio [UPC], vinculado a la urbanización de Camaretas y a su promotor, MR. Su única pretensión era, y sigue siendo, dice, «mejorar la vida de las personas a las que representa». El azar, no obstante, también tomó parte de su destino político: «Había que nombrar al primero de la lista y, como ocurre siempre, había unos cuantos para ir de segundo, tercero, cuarto... pero nadie quería de primero. Hicimos unos números, y me tocó». 
Cosas de la vida o, mejor dicho, de la política. Entonces, él fue número uno por UPC para arrebatar la Alcaldía de Golmayo al PP, que llevaba asentado en el cargo 20 años. Ahora, él es el elegido para, desde el PP, arrebatar la presidencia al PSOE y recuperar la unidad perdida en el partido. 
A sus 53 años, el cargo le llega por sorpresa. Ni estaba en las quinielas ni tenía expectativas en ello ni siquiera lo deseaba. Prefería la «militancia rasa». Eso dice. Ypuede ser que lleve razón, porque ni ha vivido ni dependido de la política hasta ahora, y le gustaba demasiado su trabajo anterior. Profesor de profesión, y de vocación, reconoce que lo que más le ha costado al tomar esta decisión es pensar que deberá dejar durante los próximos cuatros años sus clases de Electricidad en el instituto Pico Frentes.  
Pero es probable que ese carácter pedagógico, constructivo y moderador que utiliza en el aula le venga bien ahora. Para empezar, porque es el único con experiencia en la Diputación dentro de su propio grupo y su principal apoyo, Yolanda de Gregorio, es probable que dure poco como diputada tras recibir la llamada de instancias superiores. La presidenta ha sido demasiado prudente ante las continuas ‘jugadas’ de la nacional y de algunos ‘compañeros’ de partido sorianos desautorizando sus decisiones, y eso, en política, suele tener reconocimiento. Serrano, de hecho, admite sin tapujos que «ojalá se la reconozca en otros ámbitos superiores». 
Es quizá uno de los secretos de este nuevo presidente. Se manifiesta con naturalidad y sencillez. Y dice lo que piensa, o eso parece. Vende sinceridad y cercanía, un bien muy preciado para ganar votos. A él, desde luego, le funciona. Los datos le avalan. Desde que se presentó ha mejorado resultados. Incluso en estas últimas elecciones, cuando el PP cayó a nivel general, él salió victorioso. 
Los suyos dicen que no tiene doblez. No obstante, hay también quien ve en esa naturalidad algo sibilino. 
Puesto por accidente, aquellos que lo veían de perfil bajo en política lo tendrán ahora sobre su cabeza. Ahora, le toca asumir su cometido, ser el hombre ‘bisagra’ que vuelva a tender lazos entre los que quedaron en el PP, y los que se fueron. Ni Angulo ni De Gregorio fueron capaces de encontrar el equilibrio entre los egos de los que se fueron y los suyos propios. Ahora le toca a Serrano propiciar una reconciliación que quizá es el último tren para evitar la desintegración de un PP debilitado por sus guerras internas. O reconduce a los hijos pródigos, o los hijos pródigos podrán con él. O todo o nada. 
Serrano admite que no viene a la política a hacer «amigos del alma». Esos, los tiene «fuera», apunta. «A política se viene a trabajar», recalca. Él intentará también «disfrutar». Porque, avisa ya, «como aquí no disfrute, me voy, lo tengo claro».