Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Un número para el futuro

11/06/2021

La vida es cíclica. El año marca círculos perfectos. Bueno, siempre que una pandemia no los deforme convirtiéndolos en tremendas elípticas. En el ciclo de la vida que estamos recuperando, llega la EBAU. En mi época era la selectividad. El propio término, selectividad, ya era de por sí, terriblemente desolador. Esa sensación de entrar en un aula con decenas de compañeros para que las preguntas de los temas que nos caían  seleccionaran nuestro futuro en vez de ser una misma la que lo elegía. Al menos ahora, las siglas de la EBAU, la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad, parece que dignifican más al aspirante a universitario. Ya no te seleccionan, ahora te evalúan.
Por más que me expliquen la necesidad de estas pruebas, mi cabecita sigue sin comprenderlo. Si el alumno ha aprobado el bachillerato y las pruebas de la EBAU están basadas en sus temarios; ¿no resulta un tanto reiterativo? Eso sin pensar en la injusticia de unos exámenes de tres días. Me parece mucho más clarificadora la trayectoria en los dos años de bachillerato en los que se pueden determinar los conocimientos de los chicos. Y por si fuera poco, la naturaleza, que a veces no me parece nada sabia, nos planta la EBAU en el despertar del verano. Justo en esos días en los que los adolescentes pre universitarios, con todas sus hormonas a flor de piel, necesitan salir a disfrutar de los primeros calores, de los primeros amores y de todo aquello diametralmente opuesto al monástico encierro estudiantil. Hace treinta y dos años que hice la selectividad y lo que más recuerdo de aquellos días de hincar los codos eran las ganas de salir a disfrutar del final de la primavera soriana. Para rematar el despropósito de estas pruebas, el resultado decidirá qué pueden estudiar, en qué ciudad, en qué universidad. Un número determinará el futuro de todos ellos. Cuántos casos de estudiantes que no han podido elegir la carrera que querían por esa cifra muchas veces tan injusta y tan absurda. Ni la ciudad, ni la Universidad. Y para colmo los alumnos tienen que decidir con diecisiete o dieciocho años qué estudiar, qué pasos seguir, condicionados por esa EBAU que saca de quicio durante semanas a toda la familia. La naturaleza que, como digo, no me parece a veces tan sabia; nos obliga sin experiencia, sin formación, sin criterio, a elegir algo tan importante como la profesión con la que deambularemos por la vida. O no. Porque son muchos los universitarios que no acaban la carrera o se cambian a otra o simplemente jamás ejercerán aquello que estudiaron. De eso no tiene mucha culpa la EBAU, la verdad. Pero es una faena que tengamos que elegir algo tan determinante a una edad en la que lo más importante son las ganas de salir a disfrutar del sol y el calor de los primeros días de junio.
 



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