TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Invertir en Sánchez, invistiéndole

Pedro Sánchez, que este martes tras reunirse con la presidenta del Congreso Meritxell Batet, anunciará la fecha de la sesión de investidura, se presenta a él mismo como la única solución. Y, por tanto, comunica al país entero, comenzando por Podemos y luego siguiendo por Ciudadanos y el Partido Popular, que es o él o el caos, así que nadie debe esperar de él, Sánchez, concesiones a cambio del apoyo a su gobernación de progreso y en solitario.

Investirle es invertir en Sánchez, en ese Gobierno progresista que no nos detalla. Es una inversión, no sé si temeraria, que solo tiene una alternativa: la repetición de elecciones allá por noviembre. Hoy por hoy, Ciudadanos prefiere no invertir: "no es no" a perpetuar al PSOE en La Moncloa, por mucho, dicen los naranjas, que presionen Macron, Garamendi, el Ibex, la mitad de los columnistas políticos y el sursum corda.

El Partido Popular, que está en otras condiciones, situaciones y ambiciones, veremos por dónde acaba saliendo, teniendo en cuenta que entre el presidente en funciones y Pablo Casado existe una relación que poco tiene que ver con la ojeriza mutua que Sánchez y Albert Rivera se tienen. De Podemos ya sabemos que lo único que busca son ministerios, única salvación personal para Pablo Iglesias. Y Sánchez, que ya digo, anda en yo, o el diluvio, sabiendo que, si llueve, dicen las encuestas, él no perecería ahogado en unas nuevas elecciones, en las que el voto al PSOE -y al PP- saldría reforzado, en detrimento de los otros tres, es decir, Ciudadanos -sobre todo-, Podemos y Vox.

Vuelta al bipartidismo. ¿Es de eso de lo que se trata, aunque para ello haya que tener políticamente paralizado a este país nuestro medio año más? Bah, total, mientras la economía aguante, que parece que aguanta. 

Puede que la economía aguante, a ver por cuánto tiempo, pero la nuestra es una situación que perjudica a Navarra, a Madrid, a la lucha contra el independentismo catalán, a la lógica contra el fulanismo político, a las reformas pendientes -ahí siguen, tan panchos, el Consejo del Poder Judicial y su presidente, con el mandato vencido hace ya meses-. En términos de patriotismo sorprende que, para facilitar su investidura, o al menos para desprestigiar al "no es no", que él tan bien conoce y tanto ha practicado, Pedro Sánchez no ofrezca contrapartidas: el sacrificio del gran Gabilondo en la Comunidad de Madrid y de la perdedora María Chivite en Navarra, por ejemplo. ¿Llegaría a planteárselo a los otros dirigentes cuando vuelva a reunirse con ellos próximamente en una nueva (¿e inútil?) ronda de contactos? No lo creo, desgraciadamente. Porque la generosidad, como la autocrítica o hasta el sentido común, es lo menos común en el secarral político de esta, sin embargo, gran nación llamada España.

Veremos si este martes la investidura -¿la primera? ¿la definitiva, si algún milagro ocurre?- se fija para el día 16 o el 23, o vaya usted a saber cuándo en este mes de julio que ha llegado y nos sofoca, no solo por la temperatura y por los incendios que nadie apagó en febrero. Nos sofoca, a veces, de bochorno. Simplemente, porque lo que nos está ocurriendo es bochornoso. ¿Invertimos? ¿investimos? ¿Insistimos en más de lo mismo? 


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