Mujeres gitanas que rompen barreras

Ana Pilar Latorre
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Tener carnet y conducir o vivir sola son algunos de los ejemplos de que algo está cambiando. Sobre todo, piden su espacio para poder formarse en igualdad y también en la vida pública

Mujeres gitanas que rompen barreras - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

Algo está cambiando en la comunidad gitana, en la que la mujer, a la que siempre se le ha preparado para el matrimonio y asumir funciones reproductivas a temprana edad, ha desempeñado un papel clave como educadora, cuidadora de niños y mayores y transmisora de normas y valores de su cultura. Las hay que pertenecen a familias con mayor permeabilidad a los cambios y dispuestas a una mayor adaptación a los nuevos tiempos, por lo que ahora pueden hacer cosas, que para sus abuelas eran impensables.  El sistema patriarcal de la comunidad romaní abre paso a que las mujeres vayan adquiriendo un protagonismo progresivo en su comunidad, pero también en diferentes espacios de la vida pública. Son cada vez más las que deciden pasar de dedicarse exclusivamente a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos a estudiar en la universidad, hacer cursos de formación o trabajar. El movimiento del 8M de 2018 también influyó en las mujeres gitanas, que desde entonces han reivindicado con fuerza una sociedad que les ofrezca los mismos derechos que las mujeres payas y que han rechazado la discriminación por ser mujeres en una sociedad patriarcal y por pertenecer a una minoría étnica. Son una pieza más de la sociedad actual, un mosaico de realidades históricas y culturales. 
Y, por otro lado, la juventud es un motor de cambio que está contribuyendo a transformar el modelo de vida de la comunidad, a hacer evolucionar los valores de referencia a redefinir su identidad. El incremento de su formación académica y su convencimiento de ir participando activamente en distintos espacios de la sociedad influye en que también son un grupo que apuesta por los cambios y la modernidad. 
En Soria, la población gitana no es tan numerosa como en otras provincias de Castilla y León, como puede ser en Valladolid, Salamanca o León, pero hablamos de tres centenares de personas que se distribuyen, principalmente, en localidades como Almazán y El Burgo de Osma y menos en la capital y la comarca de Pinares.
tres ejemplos. Soraya Hernández, de Aranda de Duero (Burgos), se estableció con su marido y sus cuatro hijos -Jimmy, Saúl, Malani y Yanira- en Pinares hace ya cinco años y ahora viven en Duruelo, cerca de sus suegros, que residen en Covaleda. Ella también reflexiona sobre el papel de la mujer gitana, desde su punto de vista y pensando en el futuro de sus dos hijas. «La de 16 años, Melani, ya me ha dicho que no se quiere casar pronto, que quiere ser independiente y estudiar una carrera. Yla pequeña, Yanira, de 11 años, igual, dice que quiere ser abogada, si puede... Para mí fenomenal, si consiguen todo lo que se propongan sería un orgullo como madre. Los padres, por supuesto, las apoyamos», comenta reconociendo que «las cosas están cambiando». Donde viven ahora y donde llegaron por trabajo son los únicos gitanos y, en ese aspecto, para bien o para mal, están algo más aislados de la comunidad, aunque siempre apegados a sus familiares gitanos, en Covaleda o Aranda. Aunque piensen de distinta manera que otros gitanos y se adapten a la sociedad moderna, siguen sintiéndose así. 
«Tenemos otra forma de vida. Por ejemplo, yo tengo carnet y de conducir y me muevo en coche, tomo café con mis amistades, he trabajado en varios restaurantes de la zona...», explica. En ello también influye, comenta, que en su hogar no haya machismo como en otras familias y que ellos se hayan hecho a «vivir entre los payos siempre con educación y respeto, sin perder nuestra esencia cultural».  Hay costumbres que se mantienen, explica Soraya, como que esté mal visto que las mujeres fumen o beban o  que se llegue virgen al matrimonio, pero por el otro lado «hay gitanas que se están modernizando de más». Aroa Borja Hernández, de El Burgo de Osma, ha sido la primera mujer en estudiar de su familia y, aunque no ha terminado la ESO, si lo quiere hacer algún día y mientras trabaja y realiza cursos de formación de cualquier cosa, porque «todo lo que salga es bueno». A su hermana pequeña le anima a estudiar y a formarse, principalmente, porque no quiere que sea «una paleta». Lo que destaca de su experiencia es que sus padres le han dado mucha independencia y que lleva varios años viviendo sola, lo que «antes era impensable»; y apuesta por avanzar para no estancarse y «seguir rompiendo barreras».
Por su parte, Aroa Borja Borja, de Soria capital, apunta que en su familia sus hermanos han estudiado en la universidad y que ella tuvo la oportunidad y no quiso, apostando por incorporarse al mercado laboral. Ella anima también a los jóvenes a formarse y a aprender «que vean el futuro de otra manera distinta a como la sociedad los etiqueta, que sean algo en la vida». Las mujeres «nos hemos modernizado por la vida en general, pero no dejamos de tener nuestras costumbres». «La mayoría de nosotras trabajamos, los niños están todos escolarizados, estamos integradas totalmente en la sociedad y hablamos y nos relacionamos con todo el mundo, pero muchas veces notamos rechazo...», comenta. También hace referencia a que ahora las mujeres tienen su carnet de conducir y su independencia , que se tienen hipotecas como cualquier otra persona, así como que no está «dispuesta» a permitir las conductas racistas y machistas.