Donde se paró el reloj

Nuria Zaragoza
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Anuncios del 8M, la exposición de Mariano Granados... Volvemos hoy, pero la calle quedó estancada en marzo

Donde se paró el reloj - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

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Donde se paró el reloj

Se paró el reloj. El tictac de los pasos dejó de escucharse. El miedo, repartido en décimas de segundo, se impuso. Lapso de soledad. Cayó hora tras hora de plomo. Se hizo el silencio. ¿O quizá solo es que ahora las agujas mueven tan débiles que no consigo oírlas?... 
Se paró su reloj. No late. No vive. Pero, sin embargo, sigo sintiéndolo. No le dije adiós. ¿Será que aún no se ha ido?… 
Se paró tu reloj. Y mi reloj. Y ese reloj que compartíamos. Y, aún sin darle cuerda, las jornadas siguen cayendo una tras otra. Hay crónica en este vacío. ¿Acaso alguien se encargó de escribir la historia?... 
Donde se paró el relojDonde se paró el reloj - Foto: Eugenio Gutierrez MSe paró el reloj pero el lunario siguió su curso. ¿Quizá nunca paró? Pero ya nada es igual. ¿O será que todo es lo mismo?...
Aquel 14 de marzo de 2020 en el que el país se despertó en estado de alarma, el reloj de la vida ciudadana, de la vida laboral, social, comercial, económica, deportiva, cultural, administrativa, ociosa… se paró. El tictac de cada uno de nosotros -y el común- se bloqueó como nunca antes lo había hecho, y cerró puertas de negocios, vació calles, silenció parques, clausuró edificios, paró máquinas, suspendió todo tipo de actos y celebraciones… y provocó una herida en el calendario que todavía hoy sangra. Las portadas de aquel día anunciaban 15 días de cuarentena domiciliaria para frenar al virus: «El Gobierno declara el Estado de Alarma durante 15 días» (El País); «Alarma en diferido» (El Mundo);   «Estado de alarma» (La Vanguardia); «Estado de confusión» (ABC); «España, en alarma» (El Periódico); «Alarma para todos» (El Correo); «Europa cierra» (Marca); «Cierre total» (As)... Los 15 días, al final, sumaron -de momento- cuatro prórrogas más.  
Desde entonces, España ha vivido 50 días de confinamiento en casa, de vacío general en las calles, solo roto para atender lo esencial. No se ha vivido vida fuera. Apenas ha habido pulso en la ciudad. 
Donde se paró el relojDonde se paró el reloj - Foto: Eugenio Gutierrez MartinezPero la vuelta a la «nueva normalidad» ha comenzado. Fase cero de la vida dos. Yel reloj retoma su tictac justo ahí, donde se paró. Soria vuelve poco a poco a su vida y, al regresar, las calles nos devuelven imágenes del pasado que son presente. Porque todo parece indicar que todo está igual, donde el reloj se paró. 
huellas de ayer, intactas. Luce en Mariano Granados la exposición que durante 50 días nadie se ha parado a ver. Y en las paredes de la ciudad aún quedan restos de aquel grito por la igualdad. El tiempo aún no ha arañado los carteles que anunciaron aquel 8M de 2020 de la lucha feminista. Los morados se mantienen vivos. No hay esquinas rotas. Ni fisuras por el centro. Lucen, como ayer, sobre mamparas, cristales, paredes... Han pasado justo dos meses, pero aún no son historia.             
Aún se publicita en las calles la gala final de Soria Talent, el desfile de artistas sorianos que prometía celebrarse en el Palacio de la Audiencia la noche del 14 de marzo. Sin opción de subir al escenario, el arte en estos casi dos meses de confinamiento se ha hecho público desde las ventanas y balcones. Los físicos, los del barrio. Y los virtuales. 
Donde se paró el relojDonde se paró el reloj - Foto: Eugenio Gutierrez MSiguen las mesas puestas en los restaurantes de la ciudad. Esperando a los comensales que nunca llegaron. Y, sobre el atril de algunos de ellos, no alcanza la vista para leer el menú de aquel último día de apertura, 13 de marzo. Los fogones aún duermen. El despertador sonará cuando llegue la esperada fase 1, o quizá remoloneen hasta la 2. O la 3.  
¿Qué habrá sido de aquellos premios que nunca se dieron?  Aún cuelga en el quiosco de la ONCEy en la administración de loterías el anuncio del sorteo extraordinario del Día del Padre. Ese 21 de marzo el bombo no rodó. «Pendiente de sorteo», avisan desde Loterías y Apuestas del Estado. Pero, ¿habrá ahora mejor premio que salir victorioso del virus?
«Cerramos hasta el 31 de marzo», reza el cartel instalado en la verja del establecimiento chino. Puro optimismo. Más de un mes después, el sol se ha empeñado en debilitar esta fuerza positiva y algunas letras casi son ya imperceptibles. 
«Rebajas», anuncia otro comercio que, en su interior, aún cuelga las prendas de abrigo de aquel final de invierno que la pandemia se tragó. La temporada de dentro choca con el desfile de primavera/verano de la calle y aventura que, al regreso, obligará cambio de muestrario integral. 
En el tablón del colegio cuelga todavía el cartel anunciador de las jornadas de puertas abiertas, esas que se celebraron entre febrero y marzo en el centro. La última, el día 12, jueves, apenas un día antes de que todo se parara. Sigue el cartel, intacto, como entonces. Yapenas nadie se ha percatado de su existencia. Porque, desde que las clases se suspendieron, lo físico se ha cambiado por lo virtual, y las aulas son ahora pantallas virtuales; y los anuncios educativos ya no cuelgan sobre paredes o tablones sino sobre correos electrónicos, blogs y plataformas virtuales. 
También en los tablones de las asociaciones se ofertan aún las actividades del mes de abril. Las clases de baile. La gimnasia de mantenimiento. El viaje que nunca llegó a partir... 
Pixel tras pixel desfilaron aquella noche los últimos títulos de créditos. Hoy, la pantalla permanece en negro y, en cartelera, los estrenos se han cambiado por el aviso de cierre provocado por la COVID-19.  
Desde el 14 de marzo no se registran turistas en la oficina soriana, y en los escaparates de algunas agencias de viaje aún cuelgan las opciones turísticas para la Semana Santa. Los primeros chapuzones en la playa, un viaje a Europa, turismo de interior... todo deberá esperar. 
Sobre la mesa de varios despachos, la agenda abierta en el 16 de marzo, aquel lunes laboral que nunca llegó. O, al menos, no como se esperaba. Citas que no se citaron. Teléfonos que nunca sonaron. Trabajos que nunca se hicieron. O, quizá, se ‘telehicieron’.
El virus nos ha robado el mes de marzo, el de abril… y quizá también mayo y junio. Se ha comida nuestras rutinas, nuestras calles y... nuestras vidas. Nos ha dejado un vacío de días, un agujero en el calendario. Pero, el tictac se oye de nuevo...