Jesús de Lózar


Amar

17/10/2020

Es imposible amar a una mujer sin conocerla. Y no lo digo en el sentido en el que aparece en el Génesis: «Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón». No. Lo que digo es una cosa muy sencilla y en la que todos creo que estaremos de acuerdo: para enamorarte de alguien tienes que conocer, saber, tener una foto, una imagen, una carta, saber algo de su historia,  de sus problemas, de sus inquietudes, de sus gustos. No puede ser algo abstracto, genérico. Lo mismo ocurre con el patrimonio.
Amar es conocer. Para amar algo, una persona, una tierra, un país, cualquier cosa… hay que conocerla y conocerla a fondo, para poder defenderla. Conocer, aprehender, es el paso previo para amar, es la condición de la defensa de cualquier cosa, con sus aspectos positivos y negativos, con sus pros y sus contras. 
En la base de muchos de nuestros problemas está la ausencia de cariño, de orgullo por lo propio. Incluso hay desprecio hacia nuestras cosas, no se valoran justamente porque hay un sistema de ideas en el que lo urbano prima sobre lo rural, lo masculino superior a lo femenino… Y el desconocimiento, la ignorancia. Una de las causas de la despoblación, muchos me dirán que es un problema estructural y que qué tiene que ver esa cursilería del amor con todo esto, es no valorar incluso despreciar lo que tenemos.
Conocer, valorar, amar. Conjuntos históricos, monumentos de todo tipo, iglesias, castillos, murallas, arquitectura popular, tradiciones, pueblos antes abandonados hoy recuperados, todo este inmenso patrimonio se ha mantenido y se mantiene gracias al esfuerzo, al cariño, al tesón de mucha gente perseverante. Para defender el patrimonio, nuestro patrimonio, es una condición previa conocerlo y conocerlo a fondo para amarlo, defenderlo, sentirlo como propio. Como uno siente la pulsión amorosa de la persona que ama. Hagan la prueba. Indaguen, estudien  y suban después al castro de las Espinillas de Valdeavellano de Tera o al de Castilruiz. O al castillo de Gormaz. Da igual. Contemplen los restos y las vistas. Sueñen. Y si tienen alma, se emocionarán.  



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