CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El tercer Gobierno

Declaró Sánchez -cuando decía lo que pensaba y no lo que le convenía- que no quería coalición con Podemos porque tendría un gobierno dentro de su gobierno. Todo eso quedó en nada al pactar finalmente una coalición, pero no habrá dos gobiernos en el nuevo Ejecutivo, sino tres.

El mismo día que Sánchez juraba su cargo, se creaba un nuevo organismo que controlará que los dos gobiernos de esa coalición cumplen los compromisos del pacto suscrito. Un organismo cuyas funciones se han recogido en un texto que ocupa nada menos que cinco folios, en el que incluso se pone negro sobre blanco que ningún ministro puede opinar sobre los proyectos de otros ministerios y que es obligado impedir que lleguen a los medios de comunicación posibles discrepancias internas. Un organismo que, visto lo visto, y leído lo que recogen esos folios se puede considerar como un nuevo gobierno dentro del equipo que presidirá Pedro Sánchez. Un tercer gobierno. No quería dos, y tendrá que pastorear con tres. Como se dice coloquialmente, no quería taza, pues taza y media.

Ya puede Pedro Sánchez dedicarse con tesón a la tarea, porque además de presidir un gobierno de coalición con tres patas, deberá estar pendiente de una cuarta pata, la que garantiza que el tinglado no se venga abajo: la de los independentistas. De momento, Torra exigió un encuentro inmediato con Sánchez y ya ha conseguido su cita. Le faltó tiempo a Moncloa para concertarla, no vaya a derrumbarse el gobierno por un encuentro más o menos. Aunque lo malo no es la cita en sí, sino lo que va a plantear Torra a Sánchez: amnistía, referéndum y libertad para los presos políticos, poniendo mucho el acento en la palabra políticos. Lo de siempre. Los independentistas son insistentes y hasta ahora, con Sánchez, no les está yendo mal. Tienen además un caballo de Troya en el Ejecutivo, el segundo gobierno, el de Podemos, partido que en varias ocasiones se ha pronunciado a favor del referéndum catalán.

Es justo que se dé a Sánchez el habitual margen de confianza de los cien días, aunque hay puntos de los acuerdos que ponen los pelos de punta. Pero cuesta confiar en un equipo con tantos grupos dentro mirándose de reojo unos a otros, para estar seguros de que todos cumplen sus compromisos y no caigan en la tentación de anteponer los intereses de sus respectivos partidos a los intereses generales.

Hay coaliciones en otros países que han funcionado bien. Pero en esta primera coalición española se han puesto tantos mecanismos de seguridad para que no surjan divergencias, que al final se ha transmitido lo que se quería evitar: que no se fían unos de otros. Antes de tomar posesión, los socialistas ya recibieron su primer disgusto cuando Podemos anunció los nombres de sus ministros… que tenía que nombrar Sánchez. Primer aviso de que unos y otros quieren marcar su espacio.



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