CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La polémica abstención

Este martes se producen tres importantes encuentros en Madrid, los de Pedro Sánchez con Casado, Rivera e Iglesias.

Es curioso el asunto: cualquiera que haya tenido oportunidad de hablar con los cuatro, sabe que a pesar de los rifirrafes del pasado, el interlocutor con el que Sánchez se siente hoy más cómodo es Pablo Casado aunque se encuentren en las antípodas políticas, mientras que la animadversión hacia Albert Rivera –mutua- va más allá de lo imaginable, y de Pablo Iglesias no se fía. Tiene Sánchez motivos sobrados para ello: le engañó en varias ocasiones durante las negociaciones que mantuvieron hace año y medio de cara a una investidura del actual presidente, cuando renunció Rajoy porque no contaba con los apoyos necesarios.

Hoy sin embargo son otras las razones del distanciamiento del presidente con el dirigente de Podemos: está cansado de que dé por hecho que va a ser ministro, y de que anteponga cualquier acuerdo programático a sentarse en la mesa del Consejo. Por no mencionar que al presidente le interesa lo justo llegar a acuerdos con un partido que atraviesa su peor momento y con unas tensiones internas que ponen en riesgo su supervivencia.

Teodoro García Ejea ha descartado rotundamente la posibilidad de permitir, con la abstención del PP, la investidura de Pedro Sánchez, después de que tanto Esperanza Aguirre como Isabel Ayuso se

inclinaran públicamente por esa posibilidad para evitar así un gobiernosupeditado a las exigencias de los independentistas y de los compañeros políticos –incluso algunos de armas- de los etarras. Solo Aguirre y

Ayudo lo han dicho en público, pero se asombraría Egea de la cantidad de miembros del PP que comparten en privado esa misma idea. Y votantes, no digamos. Para aburrir.

Habrá que ver en qué términos se celebra la reunión de hoy entre Sánchez y Casado, porque a pesar del desmentido de Egea las negociaciones se saben cómo empiezan, pero nunca cómo acaban.

Como las guerras.

En cualquier caso, no es un disparate la abstención del PP. La “comprarían” muy bien militantes y votantes si se explicara con inteligencia y capacidad de convicción, pues se trataría de una decisión de Estado en el sentido de la que ha propuesto Valls para la alcaldía de Barcelona. Que puede provocar su ruptura con Ciudadanos, porque desgraciadamente en esta España política actual falta arrojo para tomar decisiones que favorezcan al adversario aún cuando esas decisiones favorezcan principalmente los intereses de los españoles, de todos los españoles.

García Egea ha negado una abstención que dejaría gobernar a Sánchez sin el chantaje independentista, cree el secretario general del PP que el papel de su partido es ejercer una firme oposición. ¿Es que el PP de Casado no sabe ejercerla si ha permitido previamente la investidura de un presidente de otro partido? Pues ya va siendo hora, por el bien de España, que el PP renovado aprenda a hacerlo.


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