CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


El jefe de la oposición

Con discreción, Pablo Casado está consolidando una vía de relación directa con Pedro Sánchez. Para no quemarse está dejando que sean sus colaboradores más cercanos quienes intenten desfacer los desplantes  testosterónicos de Vox y de Ciudadanos. 
El próximo martes volverán a reunirse con el presidente del Gobierno en funciones. Será la cuarta vez en poco tiempo. A diferencia de Albert Rivera que en un gesto sin precedentes sigue rechazando la invitación, Casado está haciendo valer su condición de líder de la segunda fuerza parlamentaria y Sánchez está más que predispuesto a tratarle como jefe de la oposición. Hay entre ellos una buena relación personal. Sánchez es hombre de memoria rencorosa. A Pablo Iglesias no le ha perdonado la humillación de 2016, cuando abortó su investidura. Por aquél entonces Iglesias soñaba con el sorpasso al PSOE, hoy se conforma con alguna cartera ministerial. Y a Rivera no le traga por la fatua del "cordón sanitario". 
Con Pablo Casado no tiene abierto contenciosos más allá de las lógicas diferencias políticas que separan al PSOE del PP. Pero en lo personal se ha establecido entre ellos una buena sintonía. A partir de esa circunstancia hay quien cree que si la investidura, como parece probable, no sale adelante en la primera votación, en la siguiente, allá por septiembre, quizá podría prosperar merced a la abstención del PP. Y no sería para rasgarse las vestiduras puesto que tenemos cerca el precedente de la votación en la que Mariano Rajoy salió elegido gracias al apoyo de algunos diputados del Partido Socialista. La abstención no es un cheque en blanco, podría ser explicada -y justificada- ante los votantes populares como el mal menor que podría evitar que Sánchez fuera rehén de los separatistas. En alguna medida el radicalismo de Rivera en su sobreactuado rechazo a Sánchez le está dejando a Pablo Casado un espacio que el líder del PP está aprovechando bien. En dos direcciones. Para explicitar su condición de jefe de la oposición -en ése registro cuenta con el apoyo de Pedro Sánchez- y por otra, le está permitiendo consolidar su liderazgo interno en el PP. Pese al batacazo sufrido en las elecciones de abril ya no se oyen voces ni en Génova ni en provincias cuestionando su figura. El reciente aval de José María Aznar va en ésa dirección. Y en los mentideros políticos de la capital -muy dados a la especulación- cada vez se menciona menos el nombre de Núñez Feijóo como hipotético recambio. Casado está jugando sus cartas y, en cierto modo, Sánchez le está ayudando a quitarse de encima la sombra de Rivera.  


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