TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Ed

Niño tonto, niño mimado. No cambiarás nunca, por más que lleves brazaletes de capitán por antigüedad y galones, no porque domines el lenguaje del esfuerzo colectivo. Durante mucho tiempo viviste bajo el paraguas propagandístico de quienes debían criticar abiertamente esos desplantes tontorrones estilo «me pico y no respiro» o «de rabia me arranco las postillas», postureo de salón, niño caprichoso, niño egoísta, de quien llegó a pedir un fuera de juego en el gol de un compañero porque no lo metía él. Pero ahora que ya no vistes de blanco, ahora que ya no hay guerra abierta (y mediática) Madrid-Barça, parece que se ha abierto la veda y se puede criticar lo que antes parecía blasfemo: que Cristiano Ronaldo es un personaje insoportable.

¿El futbolista? Increíble, uno de los más grandes depredadores del gol de la historia -si no el que más-, un tipo cuya ambición ha derribado montañas, obsesionado con el éxito hasta el punto de rendir por encima de sus propias facultades, profesional como la copa de un pino, voraz e insaciable.

Pero la persona, la que es incapaz de alegrarse por el éxito de un compañero (anunciaron el nombre del «Mejor jugador de la Nations League» y no fue el suyo, sino el de Bernardo Silva... y no sólo no le elicitó como el resto de compañeros, sino que torció el gesto y negó con la cabeza), representa punto por punto todo lo que la sociedad debería aborrecer en la figura de un deporte de equipo: hay códigos de vestuario inquebrantables... pero él los rompe, niño narcisista, niño creído, porque considera que puede hacerlo: ¿no os doy goles y títulos para que me devolváis el favor en forma de honores y reconocimientos individuales? Cómo alguien pudo ser tan bueno y tan malo al mismo tiempo para un deporte colectivo se estudiará en las futuras universidades del deporte, seguro.