CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El Rey y la Constitución

La recepción era homenaje a la Constitución, pero brillaron por su ausencia un porcentaje importante de diputados y senadores que buscan abolirla, y no hay más que recordar las fórmulas de acatamiento con las que accedieron a sus escaños. No hubo respeto, sino pruebas evidentes de desprecio.

El problema llega cuando el propio presidente de gobierno tampoco demuestra ser un fanático. Sánchez aprovecha toda oportunidad que se le presenta para expresar con palabras su apoyo a la Constitución, pero sus hechos le delatan: no duda en pactar con quienes se sitúan al margen de ella –él mismo lo manifestaba así en el pasado reciente cuando abominaba de Podemos y de los independentistas- y su actitud hacia la Corona es manifiestamente mejorable, pues no pierde ocasión para asumir representaciones que son propias del Jefe del Estado, cuando no ningunea al Rey de forma escandalosa.

Nuestra Constitución llega a un nuevo aniversario falta del respaldo político con el que nació y escasa de entusiasmo ciudadano; esto último consecuencia de lo primero. No ayuda que España viva en los últimos años una situación de bloqueo de gobierno que es difícil superar porque cuando se redactó el texto hace 40 años, con políticos de todas las ideologías que demostraron una gran generosidad y sentido de Estado, nadie pudo sospechar que años más tarde un nuevo modelo de políticos iba a provocar lo que hoy se ha convertido en una pesadilla: aparición de múltiples partidos surgidos por oportunismo regional y que se venden a quien más les ofrece, ola de populistas de izquierda y derecha nacidos al amparo de elecciones democráticas, y dirigentes a los que mueve más la ambición personal que el afán de servicio a España.

El bloqueo de gobierno actual, tan perjudicial en todos los aspectos, es el ejemplo de que la reforma de la Constitución es un asunto de máxima urgencia. Reforma, no cambio, la columna vertebral goza de espléndida salud. El problema es que el objetivo de los que este 6 de diciembre han vuelto a demostrar su rechazo a la Constitución es que se abra el proceso de reforma con el hacha preparada para destrozar, lo primero, la columna vertebral, empezando por la abolición de la monarquía. Para los insurgentes, es un peligro pues saben mejor que nadie que como ocurre en las monarquías parlamentarias, el Rey o la Reina son los principales elementos de estabilidad. Aunque no sea más que por una razón: no se juegan el puesto cada equis en unas elecciones, pueden trabajar para su país sin temor a que la defensa a ultranza y sin complejos de la Constitución sea castigada en las urnas. Como ocurrió, por ejemplo, cuando hace tres años, tras el referéndum ilegal, el Rey pronunció un discurso en defensa de la españolidad de Cataluña con una contundencia que no se vio en ningún político.

Le ha costado el desafecto y boicot independentista, pero hizo lo que se esperaba de un Jefe de Estado.



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