TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Fútbol ficción

Tengo para mí la idea de que el lloriqueo de Neymar, el eterno graznido veraniego del pavo real, es la centésima maniobra perpetrada por el muchacho, su padre y los toiss para meter ruido y que se hable de él. Aunque sea mal, pero que se pronuncie su nombre. Es la versión 2.0 del «estoy triste» de Cristiano Ronaldo, el jugador extraordinario pero acomplejado que cambiaba el gesto cada vez que el Barça mejoraba el contrato de Messi.

Pero pongamos que me equivoco, que efectivamente quiere irse sea como sea y que el Barcelona desea hacerle hueco en su proyecto, que la presión de sus amigos de vestuario (Messi y Suárez a la cabeza) es poderosa y el «se queda» de Piqué va a transformarse en «se viene». Entonces, tendría para mí otra idea: el Barça ficha a Griezmann… para usarlo como moneda de cambio en la transacción y todos felices, pues el PSG se quita un elemento díscolo y ficha a un francés, la afición culé no ve en el Camp Nou al traidor de «La decisión», la plantilla acoge al hijo pródigo, la directiva no se humilla en la contratación de el Principito, Ney vuelve a casa y Antoine termina en un gigante.

¿Descabellado? Pongamos que me vuelvo a equivocar, que el Barça fichará a los dos y ambos formarán parte del proyecto de la camiseta de cuadritos que desaparecerán del mapa (como monedas de cambio en otros negocios, para cumplir la legalidad FIFA) Coutinho y Dembelé y que todo va fetén en el cada vez más artificioso mercado veraniego. Tendría para mí una nueva idea, en la que Valverde se reinventará con un 4-2-1-3 donde esos «dos» serán pivotes defensivos y ese «uno» será Messi de mediapunta, o en ocasiones Griezmann o tal vez Neymar, ellos se apañarán, que soy muy buenos…

¿Que me equivoco? Tendría para mí otra idea. De eso va el fútbol estival, el de los rumores y los castillos en el aire.