CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La espada de Damocles

Es la baza que se guarda Pedro Sánchez si llega el momento en el que la cosa no avanza, las exigencias son intolerables, las presiones infinitas y el chantaje inadmisible: nuevas elecciones.

No tiene ningún interés en utilizar ese recurso, está deseando que se cierren los pactos para los gobiernos autonómicos y que los socios para llegar a acuerdos pongan ya sobre la mesa qué quieren a cambio de dar su apoyo al PSOE, para saber de una vez a qué atenerse; como desea también que Pablo Iglesias deje de dar la murga con los ministros, que no habla de otra cosa. Cuentan los cercanos al presidente que en el encuentro de hace pocos días con Iglesias -que los dos decidieron que fuera secreto y los dos culpan al otro de filtrarlo a los medios de comunicación- Pedro Sánchez tuvo la sensación de que el secretario general de Podemos empezaba a aceptar la idea de que se podía ir olvidando de ser ministro y se le veía ya con ganas de entrar en materia abordando qué cargos corresponderían a su gente en el futuro gobierno.

Parecía que, finalmente, se ha dado cuenta de que hay puestos de enorme relevancia aunque sus directores no se sienten en la mesa del consejo. De hecho, lo sabe hace tiempo, no han pasado más que cuatro años desde que dijo en rueda de prensa que además de los ministerios más potentes, quería para Podemos la dirección general de RTVE y el CNI. Aquel día ya fue unánime el comentario en los círculos políticos: Iglesias sabía muy bien dónde están los centros de poder.

Pero estábamos con la carta que guarda Pedro Sánchez en la manga, solo para sacar si advierte que está perdiendo el juego: nuevas elecciones. No las quiere, pero si se ve apurado para la investidura no sudará en convocarlas.

Es la espada de Damocles que pende sobre los dirigentes de la oposición, que a pesar de que públicamente se las prometen muy felices ante una posible repetición electoral, saben que el Psoe se encuentra en la mejor de las posiciones. Es el dato que maneja Moncloa y que coincide bastante con la percepción de los partidos. Incluso con algún sondeo que ha llegado a Génova, Ventas y Princesa.

El PSOE sube con un Pedro Sánchez reforzado –suma su proyección europea actual -, el PP se mantiene, de Ciudadanos todavía no hay nada fiable porque cambia a diario su estrategia de pactos, y Podemos sigue su bajada, hoy imparable porque no ayuda el empecinamiento de Iglesias de insistir en que merece un ministerio. Empieza a verse como un personaje con ciertos tintes patéticos, tras el abandono de sus mejores colaboradores y un resultado electoral, muy por debajo del esperado. Sánchez, hay que repetirlo, no quiere elecciones, quiere investidura. Pero si le aprietan demasiado con el precio a pagar por esa investidura, no dudará en disolver las Cortes.