Semanas después de que saltaran las alarmas ante el mayor brote de listeriosis jamás detectado en el sistema sanitario español y de que el gerente de la empresa donde se localizó asegurase no entender «el maremágnum» creado y de que el consejero de Sanidad de Andalucía calificara como «impecable» su gestión tras 200 hospitalizados por toda España, tres fallecidos y un par de abortos en mujeres que consumieron la carne mechada contaminada, es el momento de pedir explicaciones.

Bien es cierto que la administración no puede llegar hasta el último armario o nevera de todas las casas para retirar todos los productos contaminados, pero la gestión realizada estos días ha llenado de sombras el cómo se han hecho las cosas en esta ocasión. La existencia, por ejemplo, de lotes comercializados bajo una marca blanca sin etiqueta y con «graves deficiencias», según reconoce el Ministerio de Sanidad, pone en duda esa «impecable» gestión de la que presume la Administración andaluza.

El sistema de seguridad alimentaria en España se basa en un mecanismo de doble control, el que se realiza a través de inspecciones oficiales y las que hace, dentro de los programas de autocontrol, cada empresa del sector. En lo que va de año, España ha lanzado casi una veintena de alertas alimentarias que siguen un estricto protocolo en el que las autoridades sanitarias juegan un papel determinante para eliminar los riesgos para la salud. Es un sistema seguro, que se ha demostrado que funciona, siempre que se haga bien y en el caso de la carne mechada parece claro que algo no se hizo bien. El Colegio de Veterinarios de Sevilla cree que la listeriosis se debió a «la falta de higiene» en la producción de la carne en un hecho que califican como puntual y localizado. Ese ha sido el primer error y es ahí donde es necesario aumentar los controles para evitar contaminaciones, la distribución y el consumo de productos afectados, garantizando que no haya alarmas sanitarias ni sociales.

En esta ocasión parece que ha faltado diligencia en un proceso que debiera concitar consensos en lugar de estimular enfrentamientos entre administraciones donde algunos parecen esconderse para defender su gestión, con afectados criticando el retraso con el que se activó la alerta mientras se seguían vendiendo productos contaminados.

Los responsables sanitarios deben cuidar los mensajes que lanzan para evitar bulos o noticias falsas para que el consumidor sepa a ciencia cierta que los alimentos contaminados, en este o cualquier brote futuro, se retiran con rapidez y no se continúan distribuyendo.


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