COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


¡Negociar o no negociar, esa es la cuestión!

Una cuestión con muchas aristas que lleva a preguntarse si se puede llamar negociación a los acuerdos alcanzados por personas interpuestas, o por la virtualidad que tienen los cordones los cordones sanitarios que unos partidos dicen levantar frente a otros con los que no se hablan pero que finalmente contribuyen a que una de las partes consiga aquello que se había propuesto. Se asiste en los últimos días a un ejercicio de cinismo por parte de los principales partidos que no hacen sino cumplir con las inexorables reglas de la aritmética parlamentaria: El que suma, suma y el que no a la oposición, y si para ello hay que mirar para otro lado mientras un tercero hace que cuadre la cuenta de la vieja, pues que se le va a hacer.

Viene esto a cuento no tanto por la situación creada por Vox en Murcia con reflejo en la negociación del gobierno de la Comunidad de Madrid, sino por el pacto alcanzado en Navarra por el PSN con Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra que ya han alcanzado un preacuerdo sobre un pacto de gobierno que se trasladará a la investidura de la líder socialista en la comunidad, María Chivite, que necesita al menos la abstención de EH Bildu. Los socialistas en ningún momento han negociado con EH Bildu, pero esa gestión ya la ha realizado Geroa Bai –la sucursal navarra del PNV- por ellos. Y a partir de ahí se puede mantener la ficción de que no hay acuerdo cuando se sabe, casi desde la noche del 28-M que los foralistas navarros no llegarían al poder, pero que tampoco EH Bildu estaría en el gobierno de Navarra, como está en la actualidad al frente de dos consejerías. Y en ese sentido algo han ganado los navarros que de contar con un gobierno monocolor en su actitud favorable a la Disposición Transitoria Cuarta que prevé la incorporación de Navarra al País Vasco, contará con una presidenta menos partidaria de la anexión. Y Bildu ha comprendido perfectamente que o se abstiene o gobierna la derecha.  

Y por supuesto el acuerdo navarro facilita la carambola de que el PNV apoye a Pedro Sánchez en su investidura con sus imprescindibles seis votos y que los cuatro de EH Bildu puedan acabar en la abstención, a pesar de que en un primer momento Ferraz puso palos en las ruedas a que el PSN se hiciera con el  gobierno navarro, pensando en otra jugada de billar.  

Eso mismo es lo que ha hecho Ciudadanos con Vox. La apuesta les salió bien en Andalucía, ha naufragado en el ayuntamiento de Madrid por un ardid semántico del PP y las consecuencias se viven ahora en Madrid y Murcia, donde, por lo pronto, representantes de Ciudadanos y de Vox se han sentado ya en la misma mesa. Vox dice que para negociar y Ciudadanos que para tomar café. Poco les falta para afirmar que se trata de tomas de temperatura como las que mantenían los gobiernos con ETA y que finalmente acababan en fases de negociación. Pero lo cierto es que ya se reúnen alrededor de la misma mesa los dirigentes del partido de Rivera y los del de Abascal. Y el roce hace el cariño y que se olviden los insultos o los calificativos gruesos que se dedican ambas formaciones, porque acabarán pactando. Distinta es la lectura posterior de esos acuerdos, si “la veleta naranja” pacta y firma o si Vox se da por satisfecho con la charla de café. El desenlace cada vez más cerca.   


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