Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


¿Somos cada vez menos inteligentes?

Recientemente he leído una noticia que, cuanto menos, ha despertado mi curiosidad. Hablaba del efecto Flynn (el hecho de que el CI de los nacidos a partir de 1937 fuera incrementando generación a generación) y de cómo desde 1975 esta tendencia se ha invertido. El texto se basa en un estudio publicado por investigadores noruegos, e incluye varias explicaciones que los expertos de todo el mundo han ido ofreciendo a este fenómeno: desde las más optimistas (que afirman que lo que falla es la herramienta de medición, que debe de ser actualizada para adaptarse al actual mundo cambiante); hasta los que lo justifican en base a la genética (la mayor natalidad se registra entre las clases menos acomodadas, que –según aseguran los entendidos- cuentan con un menor CI) o los que afirman que el problema está en el sistema educativo y en el uso desmedido de la tecnología.
A partir de la lectura de este artículo me han surgido varias reflexiones: en primer lugar, me parece interesante que nos detengamos en analizar si el sistema educativo puede ser causante  de un descenso del coeficiente intelectual. En este punto no puedo por menos que hacer un viaje al pasado hasta mis años de instituto. Yo pertenezco a esta generación que vivió en primera persona el cambio educativo de LODE a LOGSE, lo que se traduce en que estudié toda la EGB (incluido séptimo y octavo) pero al pasar al instituto tuve que adaptarme a la ESO, realizando tercero y cuarto y finalizando con los dos cursos de bachillerato. Esta situación algo bizarra me dio para poder comparar de forma empírica ambos sistemas educativos (si es que se puede considerar que el cambio de ley supone una verdadera transformación metodológica, cosa que dudo…). La realidad: mi percepción (y la de mis compañeros) fue que durante el tercer curso de la secundaria repasamos lo que habíamos aprendido en séptimo de EGB; y en cuarto, lo de octavo. Desde nuestra perspectiva de estudiantes, estábamos encantados, ya que estos dos primeros años de instituto nos resultaron de suma facilidad, pero desde un nivel de análisis más adulto, y sobre todo contando con formación pedagógica, me hace replantearme el porqué de ese descenso en la cantidad y calidad de contenidos. 
Otro punto de interés es el uso de la tecnología en detrimento del hábito lector, causa importante–según los investigadores noruegos- de ese descenso de la inteligencia. Y es que el fomento a la lectura es una de las mayores preocupaciones del sistema educativo. No nos olvidemos que uno de los elementos de aprendizaje por excelencia es la imitación: adultos que no leen promoverán jóvenes desinteresados por los libros, así que en nuestra mano está la solución.
Sea como fuere, yo tiendo a pensar que lo que está pasando realmente se llama evolución: todo cambia, incluso nuestra manera de pensar, de actuar, de desenvolvernos y de resolver problemas. La era de Internet supone que estemos experimentando uno de los mayores cambios de la historia. A veces se nos hace complicado anticipar lo que va a suceder incluso en periodos muy cortos de tiempo. Y esta transformación quizás esté generando cambios a todos los niveles, incluido el biológico, todavía difíciles de registrar por los expertos, que en un futuro próximo deberán considerar qué papel juegan el uso correcto de las TIC en nuestra inteligencia.  


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