TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Esto se arreglaba cambiando el sistema de listas

He escuchado estos días el lamento de los excluidos. Gente a la que acompañé en mis paseos por el Congreso de los Diputados y que ya no regresarán a sus escaños. Más del 60 por ciento de los parlamentarios que consumieron una, dos, tres legislaturas en la Cámara Baja se marchan. Unos, por edad; los más, porque no han sido lo suficientemente dóciles al jefe, o porque el jefe lo entiende de esta manera. Y, así, sorayistas, susanistas, errejonistas o antipuigdemontistas han quedado fuera, en un proceso de confección de listas que no ha sido precisamente ejemplar. El 'dedo' del máximo hacedor y deshacedor prima sobre las primarias, valga el mal juego de palabras. Entran independientes en las candidaturas, y me parece muy bien, pero deberían, al menos, conocer el programa electoral que defenderán y competir en buena lid con el militante de toda la vida. 
"Tomamos nota", se despidió Susana Díaz del comité federal del PSOE cuando los suyos no alcanzaron suficientes puestos de salida en las listas: todo un anuncio de confrontaciones venideras contra un Pedro Sánchez que, hoy por hoy, sale bien librado de todas las batallas. En el PP, solamente 10 de los 52 cabezas de candidatura anteriores repetirán: el marianismo ha quedado barrido como generación política por los nuevos de Pablo Casado, a quien los suyos aplauden incluso la designación de una número uno por Barcelona que ni habla catalán ni propugna sino soluciones duras para resolver la crisis catalana. 
Hay más: en Ciudadanos se han registrado demasiados escándalos con las primarias, como quedó patente, sobre todo, con el caso Silvia Clemente. En Podemos todo tiene el aspecto de un cierto caos, a la espera del retorno de quien quiso llamarse Él. Los de Vox se guardan sorpresas y, por no revelar nada, ni siquiera dan los nombres de quienes forman sus comités electoral y disciplinario, contrariando de esta forma la propia ley de partidos. 
Claro que la palma se la lleva el propio Puigdemont, que ha purgado inmisericordemente la lista al Congreso, en la que, sin embargo, ha 'colado' a su propio abogado, Jaime Alonso Cuevillas, número uno, ahora, por Gerona, pese a que ni militaba en la formación que se inventó el fugado en Waterloo a partir de Convergencia Democrática de Catalunya. Una forma de pagar los honorarios del abogado, sin duda... 
La elaboración de las listas siempre da juego para los comentarios malévolos, para un cierto escándalo ante las formas que adopta nuestra política de partidos herméticos y de candidaturas cerradas y bloqueadas: cuántos episodios sonrojantes se evitarían con una medida tan democrática, tantas veces prometida y tantas veces incumplida, como desbloquear las candidaturas. Y si, de paso, se modifican muchos puntos de nuestra normativa electoral, mejor. Pero no caerá esa breva: lo sustancial, la esencia, del ser político es, precisamente, esa potestad de ordenar vidas y haciendas, de dar oro al amigo, plata al seguidor y legislación vigente al disidente, al independiente. Y no digamos ya al enemigo. 
Siento decirlo, porque creo en nuestra democracia, y esta tiene que estar basada en el funcionamiento de los partidos, pero no me parece que el prestigio de eso que dimos en llamar, no sé si impropiamente, clase política se haya incrementado precisamente en estos lances previos al comienzo de la campaña propiamente dicha. Un mal síntoma de cómo puede discurrir esta campaña.