COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Una campaña bronca

En muy pocas ocasiones las campañas electorales sirven para que los ciudadanos conozcan los programas electorales de los partidos políticos salvo aquellas líneas generales que les interesa y los lugares comunes propios de cada ideología, grandes palabras vacías de contenido sobre impuestos, mercado laboral, ciencia o energía, con un escaso descenso a los problemas reales quizá porque su solución es más compleja que las explicaciones que puedan ofrecerse en los mítines o en los debates parciales. 

Se asiste pues a una campaña electoral poco explicativa y muy virulenta producto de los cambios de expectativas que se han producido en muy poco tiempo a caballo de la sentencia del Gürtel que tenía a Ciudadanos en puertas del sorpasso al PP y que se quedó descolocado con el triunfo de la moción de censura. Ambos partidos con sus líderes y con sus principales fichajes tienen una campaña común que se resumen en definir al líder del PSOE, Pedro Sánchez como un peligro público tanto para la economía como para la unidad nacional.

La campaña electoral ha tomado un cariz bronco con la proliferación de acusaciones hacia Pedro Sánchez del que se dice que además de felón prefiere a quienes tiene las manos manchadas de sangre, o que está vendido a los soberanistas a los que parece que está a punto de conceder la independencia, además de sentarse con pederastas. Y por supuesto, ha dejado de ser un partido constitucionalista.

Uno de los problemas de esta campaña electoral es que los partidos han enviado a los debates electorales a los folloneros, a los fajadores, a los marrulleros que demuestran buenas artes a la hora de embarrar los debates. Con la renovación de los políticos y de los liderazgos, se les ve que a los nuevos fichajes, les falta poso y tienen la lengua larga y las ideas cortas y que se encuentran mejor en el campo de la crispación que en el de la proposición de medidas que resuelvan los problemas de los ciudadanos.     

Y la campaña no es más bronca porque no van todos contra todos, sino que cuidan mucho no establecer excesivas líneas rojas que compliquen las negociaciones poselectorales cuando todo indica que habrá un gobierno de coalición, dadas las ganas que Ciudadanos y Podemos tienen de llegar a tocar poder de forma efectiva y llevar sus propuestas al Boletín Oficial del Estado. Ciudadanos no para de tender la mano a Pablo Casado para tratar de sumar, junto a VOX, una mayoría absoluta. Los socialistas ignoran o tratan de defenderse de las acusaciones del PP, a pesar de que mantiene un perfil bajo pero ni atacan con dureza ni a Podemos ni a Ciudadanos, salvo cuando se aborda el caso catalán con este último partido. El partido naranja trata con guante blanco al PP y mantiene que no pactará con el PSOE de Pedro Sánchez. Sin embargo… Sin embargo después de la noche electoral todo es posible -salvo un acuerdo entre PSOE y PP- aunque ahora los sondeos electorales pongan los posibles acuerdos más difíciles a unos partidos que a otros.

El ruido que generan los candidatos con sus acusaciones consabidas no contribuye ni facilita una reflexión serena de aquellos ciudadanos que aún no tengan decidido el voto, y a poco que los votos permitan la formación de un gobierno de uno u otro signo, si la situación no es tan enrevesada que los votos provoquen una situación de bloqueo, pese a la dureza de la campaña, habrá acuerdo a varias bandas.