La tularemia era, cuando yo era estudiante en la Universidad de León, una enfermedad exótica sobre la que no había existido la más mínima información, aunque algunos autores decían que España tenía condiciones para que de alguna forma este agente y la enfermedad consiguiente se expresara. La tularemia es una enfermedad de multi-hospedadores, así reconocida en todo el mundo. Es decir, es uno de los agentes que son capaces de producir enfermedad aguda o crónica en más de 200 tipos de animales diferentes, incluyendo el hombre.
Y hay dos variantes diferentes. En todo el hemisferio norte se ha descrito tularemia, pero solamente en América se ha descrito por una variante que se llama tipo A, que es muy virulenta y que es capaz de producir la muerte sino se trata, porque ese es un detalle muy importante. La enfermedad es muy vulnerable a determinados tipos de antibióticos, entonces con tratamiento no se muere nadie, pero sin tratamiento puede llegar a morirse. Afortunadamente en Europa se describe el tipo B, que es universal y mucho más benigno, y es muy raro que incluso en el caso de una enfermedad humana, aún sin tratar, el paciente se muera a no ser que concurran otras circunstancias agravantes. 
En el año 97 comienzan a describirse los primeros casos en el hombre en España, concretamente en Valladolid, y los primeros en animales se describieron en Castilla y León. El primer diagnóstico se hizo sobre muestras de liebre, además recogidas en Montealegre (Valladolid), en diciembre de 1997 y se consigue aislar el agente por primera vez y a partir de entonces las cosas empiezan a cuadrar: enfermedad humana, enfermedad animal, síntomas de la enfermedad que eran compatibles con tularemia y se empiezan a hacer los primeros diagnósticos de laboratorio por aislamiento y cultivo, y luego por serología, es decir detección de anticuerpos en la sangre y en el suero. Y la enfermedad se asienta, ese es el primer brote. Desde el punto de vista de sanidad animal se vincula casi de forma exclusiva a las liebres, mientras que los topillos tenían una importancia totalmente residual.
Hubo después una especie de silencio epidemiológico hasta diez años después, en 2007, cuando se detecta el segundo brote de turalemia y aquí coincide ya con una explosión demográfica de las poblaciones de topillos, pero la liebre sigue siendo importante. De tal manera que entre julio y diciembre de 2007, con un pico que tuvo lugar más o menos en el verano, y también en 2008, se describen el mayor número de casos en humanos, muchos de ellos diagnosticados de forma indirecta, a través de serología. Se detectaron unos 507 casos que hubo en humanos que se completaban con una encuesta epidemiológica. Además, cambió el tipo de enfermedad humana porque fue un tipo de enfermedad más respiratoria que la primera vinculada a las liebres y se aceptó que los topillos tenían una importancia principal pero no exclusiva, porque yo recuerdo estadísticas que hablaban de una cuarta parte de los casos, sobre todo en atención a las encuestas epidemiológicas, habían tenido contacto directo con topillos. Se levantó una polvareda tremenda y a partir de 2008 bajaron los casos a los 150, y vuelve a haber un receso que se prolonga desde 2009 hasta 2013, en los que hay diagnósticos puntuales. Desde que aparece el topillo hay una zona caliente que es la de Tierra de Campos y esporádicamente hay casos también en León y Zamora.
Vuelve a haber un periodo de tranquilidad y hasta 2014 la tularemia pasa desapercibida, año en el que hay una nueva explosión que se vincula también al topillo, sin olvidar que la liebre también es portadora de esta enfermedad. En 2014 además empiezan a aparecer cosas nuevas, porque irrumpe el conejo de monte al que se le tenía mucho miedo, y una cosas sorprendente, es que se recogen otros roedores o micromamíferos, como las musarañas, que también dan positivos.
¿Qué enseñanzas se saca de esto? Bueno, pues yo creo que tres son muy fáciles. La primera que la tularemia está asentada en España, que bien sean las liebres, sean los topillos u otros animales silvestres, actúan como mantenedores o vectores, pero no se sabe quien es el reservorio ancestral. ¿Qué es el reservorio ancestral? Pues el que mantiene el agente de la tularemia entre brotes, que en otros países se ha descrito, aunque no coincidente, que probablemente son invertebrados como garrapatas, moscas mordedoras, y aquí cierto es que en bastantes casos se han aislado garrapatas y otros heptoparásitos que están parasitando a las liebres o los topillos que dan positivo, pero no es definitivo. Lo importante sería detectar el agente de la tularemia en estos invertebrados, pero que no estén parasitando a los animales. Se podría concluir con una cierta aproximación, aunque no taxativamente, que el agente de la tularemia en Castilla y León podría estar vinculado en periodos interepidémicos a invertebrados. Otra hipótesis sería vinculado al agua, sobre todo al agua natural sin necesidad de que esté infectada, porque ya desde hace muchos años investigadores noruegos han descrito que alguna amebas y protozoos que viven en el agua libre son capaces de mantener el agente de la tularemia y podría suceder que esto desencadenara los brotes. Es decir, que sigue siendo un enigma donde está el origen.