DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


En el papel de bufones

Con apenas minutos de diferencia, en los consistorios de Valladolid y de León se escenificaron el pasado martes sendas comedias bufas. Los munícipes de ambas ciudades representaron con solvencia titiritera similar comedia. Lo dramático es que los actores no pretendían divertir a los ciudadanos que los eligieron en las últimas elecciones, sino reírse de ellos. La farsa se convertía así en fraude.
El exvicepresidente de la Junta, De Santiago Juárez, en su cometido actual de concejal del PP en Valladolid, tuvo la ocurrencia de promover una moción por la que se instaba a la Junta y a las Cortes a modificar el Estatuto de Autonomía, de forma que dicha ciudad sea reconocida formalmente lo que de facto ya es: la capital de Castilla y León. La propuesta tuvo el apoyo del grupo de concejales socialistas, aunque de forma más alambicada por aquello de no molestar en exceso a León, que en tiempos electorales toda prevención es poca. PP y PSOE se mostraron de acuerdo en rebajar la ambición y en lugar de otorgar a Valladolid la capitalidad acordaron pedir a la Junta que la ciudad del Pisuerga sea «tratada» como capital de Castilla y León.
La replica en León la lideró la Unión del Pueblo Leonés. El PP en Valladolid siempre ha tenido una excelente predisposición a regalar gratuitamente munición a los leonesistas. El argumento central de la réplica, también apoyada por populares y socialistas, es que no puede haber una sola capital porque hay dos regiones y si la segregación no prospera, que la capital única sea León «por justicia, historia y derecho», vino a precisar la socialista Evelia Fernández. El portavoz del PP, Antonio Silván, a un paso de su confirmación como candidato a las elecciones del 10-N, se vio también en la obligación de apoyar la propuesta, por más que advirtiera que el asunto a debate estaba cerrado desde el siglo pasado.
Frivolidad acaso sea la palabra que mejor define estas iniciativas estériles y temerario el calificativo que cabe aplicar a quienes alimentan la confrontación social, gratuitamente y sin otro objetivo que el beneficio egoísta.


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