Y ahora... ¿cómo celebraremos los goles?

Natalia Arriaga (EFE)
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Ninguno de los escenarios y gestos habituales en los que se da rienda suelta a la alegría y los festejos deportivos serán los mismos tras el paso de la pandemia

Y ahora... ¿cómo celebraremos los goles? - Foto: David Aguilar

Abrazar al vecino de grada, pedir otra ronda, reunir en casa a 20 amigos, agolparse en las plazas, bañarse en las fuentes... Así se celebran desde hace décadas las victorias deportivas en cualquier esquina del planeta. Pero, ¿y ahora?
Todas los festejos relacionados con el deporte tendrán que ser revisados en los próximos meses, despojados de cualquier espontaneidad, cuando se reanude la competición bajo las medidas de distanciamiento social dictadas para evitar la propagación del coronavirus.
Estadios, bares, casas y calles. Ninguno de los escenarios habituales en los que se da rienda suelta a la alegría será el mismo tras el paso de la pandemia. Aforos limitados, mamparas de separación, autoaislamiento, horarios restringidos... «Es como si nos hubieran extirpado una parte de la fiesta».
Así lo resume Juan Antonio Castrillo, sociólogo y orientador profesional, miembro del grupo ‘El último vestuario’ creado para ayudar de forma desinteresada a los deportistas que afrontan el final de su carrera. «El ritual de la fiesta del deporte supone una liberación enorme para el individuo y pasa por que estemos todos juntos, nos abracemos y nos toquemos. Es una expresión de pertenencia a una comunidad. ¿Cómo se va a manejar ahora esto? El contexto es complicado», admitió.
Partidos a puerta cerrada, primero, y competiciones abiertas al público, después, pero con las gradas limitadas a un 30 o un 50 por ciento del aforo, serán condiciones indispensables para volver a abrir los estadios. «Público limitado a una persona por cada 20 metros cuadrados», se prevé en España en la Fase 3 de la desescalada. Casi será posible identificar a cada una de las voces que griten «goooool», o que reclamen que el balón entró, o que festejen una canasta sobre la bocina.
Los saltos codo con codo, los vasos que pasan de mano en mano y los besos para la cámara pasarán a la historia. Incluso los abrazos en el campo. Pero, de un modo u otro, la celebración seguirá presente porque «el deporte es una liturgia con una potencia enorme», recordó.


Una necesidad

«Ese ritual es una auténtica fiesta, un encuentro comunitario intenso. Nos da un significado existencial, un sentimiento de pertenencia. Es un chute de emociones enorme. Los necesitamos porque rompen con la rigidez de lo cotidiano», apuntó.
«Ya nos han extirpado muchas cosas, el confinamiento es una auténtica castración a muchos niveles», añadió. «Estamos gestionando un duelo personal y colectivo y el deporte puede ser una vía de escape. Si el fútbol es lo primero que se quiere poner en marcha no es solo por el PIB, por lo que mueve económicamente, sino por lo emocional y lo comunitario. La válvula de escape que necesitamos nos la va a dar el deporte. Si ya lo hacía antes, imagínate ahora. Es una medicina emocional».
Como la desescalada, las celebraciones se irán adaptando a la situación y retomándose de forma progresiva. A veces, se ganará hasta en comodidad al no pelear por un hueco en un bar. «Todos tenemos una carga de miedo individual. Habrá una autocensura. Si lo primero que se abren son las terrazas, la gente querrá estar en ellas delante de una pantalla. No vamos a poder reprimirnos para celebrar la fiesta del deporte», opinó el sociólogo.
Habrá que evitar estrechar la mano o abrazarse, aunque gritar, aplaudir, reír y llorar están todavía en las emociones permitidas.