Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Superando estereotipos

18/10/2020

Desde hace unas semanas siento un especial orgullo por mi condición de soriana. No es que antes no lo estuviera, pero ahora tengo un motivo de peso para incrementar aún más este sentimiento. Es una sensación que solo se experimenta cuando te adviertes como parte activa de algo, de un logro, de un proyecto cumplido. Sin querer agenciarme méritos que no me corresponden, no puedo dejar de sentir un poquito como mía la campaña que ha desarrollado el Ayuntamiento de Soria -a través del área de Igualdad Social y Perspectiva de Género- bajo el lema Rompe el estereotipo. Supéralo, por la que las marquesinas de la ciudad recogen imágenes de mujeres diversas, más allá de la modelo blanca, joven y delgada a la que acuden una y otra vez las marcas de moda cada vez que llega el momento del cambio de armario. Y lo hacen llevando puesto -o tratando de llevarlo- el mismo vestido que luce Bárbara Lennie en la campaña de moda de otoño de El Corte Inglés. La acción ha sido realizada por la artista visual y activista Yolanda Domínguez, que contaba ya con una amplia experiencia en este tipo de proyectos (para comprobarlo, solo hay que pasarse por su web: yolandadominguez.com, y revisar iniciativas como Little Black Dress o Niños vs Moda). Todos ellos comparten una misma visión: la de tratar de romper los cánones del mundo de la moda. 
¿Cuál es la base teórica de esta campaña? Y, ¿por qué es importante? Para responder a estas preguntas hay un libro imprescindible: el Mito de la Belleza, de Naomi Wolf (que, a pesar de su actualidad, fue publicado en 1991). Para la autora los cánones de belleza imposibles que predominan en nuestra sociedad no son más que una contraofensiva de la sociedad ante los avances de derechos logrados por las mujeres durante las últimas décadas. Un elemento de control sustitutivo a aquellos mitos -el de la maternidad, la domesticidad, la castidad o la pasividad- que ya habían sido superados tras años de lucha y pedagogía por la igualdad. Esta misma tesis se ve apoyada por otros autores. Así, Lipovetsky afirmaba en su texto La Tercera Mujer que en el juego de la seducción hombres y mujeres manejamos diferentes recursos. Así, ellos cuentan con la inteligencia, el estatus, la riqueza, el poder o incluso el humor; mientras que para nosotras queda casi en exclusiva la apariencia física. Simone de Beauvoir analizaba en su obra El segundo sexo el universo masculino- femenino en referencia al binomio sujeto- objeto. La definición de la condición femenina como objeto habla por sí sola y no requiere excesiva explicación -un objeto se posee, se utiliza, incluso en un momento dado se vuelve inservible- pero es muy útil para entender la visión de la moda que acompaña las acciones de Yolanda Domínguez. 
¿Qué se puede concluir de todo esto? Que, aunque los cánones de belleza sea algo que -cada vez más- cale en ambos sexos, la forma en la que afecta es diferente. Dice Naomi Wolf que nos han planteado la belleza como una cualidad objetiva y universal, vinculada incluso a la fertilidad, que las mujeres, por imperativo, debemos encarnar.  Pero que sin embargo se trata de una herramienta de poder y control sobre nosotras. Entenderla como tal es el primer paso para desmontarla. Y ofrecer una imagen femenina diversa y real es un contragolpe de lo más impactante para lograr desmontar y superar estereotipos. 



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