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La reforma laboral del PP supuso la alevosía en el asesinato de cualquier tipo de esperanza de dignidad laboral para la juventud española. No veníamos de una buena situación con la reforma de zapatero en 2010; pero sin lugar a duda, fue esta reforma la que condenó a las siguientes generaciones a ser marcadas por las palabras crisis y precariedad como un tatuaje difícil de borrar

Estamos acostumbrados a que la derecha balbucee y embarre el debate laboral para condenarnos a la precariedad y proteger las ganancias de unos pocos, ya vimos poner el grito en el cielo ante las subidas del SMI desde los 735€ de cuando llegó la coalición de gobierno a los 935€ actuales. Las dos mayores subidas de la historia se han producido en este tiempo reciente de coaliciones, y con Podemos en el gobierno gestionando el mercado laboral y que han supuesto ocho meses seguidos de crecida de empleo nacional, teniendo más trabajadores activos que en tiempos anteriores de la pandemia.

Es tiempo de esperanza: el desempleo juvenil en la provincia de Soria se sitúa en el 9,22% con 306 desempleados, lo que supone una bajada de un 3% y 44 personas menos, situando el desempleo de menores de 25 años como el menor paro juvenil en la última década en la provincia de Soria, seguido del año 2019 con un 9,53% y 350 menores de 25 desempleados.

Los datos son buenos para la sociedad, pero malos para los que vinieron con el mantra de que la izquierda no genera empleo ni sabe gobernar.

Este gobierno está considerando a la juventud su prioridad desde el primer momento. Y lo mejor no es solo recordar las iniciativas destinadas específicamente a ella, sino observar de manera transversal que todas sus políticas para las próximas décadas se están diseñando con ella en el centro.

En el final del año pasado, ese 30 de diciembre y tras muchos meses de negociación colectiva y por primera vez un acuerdo tripartito llevaba a la publicación de una reforma laboral llena de consensos, bien medida en cada palabra y llena de dignidad, sobre todo para la juventud.

Llegar a acuerdos significa ceder, la ministra de trabajo Yolanda Díaz sabe hacerlo, somos muchos los que creemos que se podía profundizado más, recuperar parte de la indemnización de despidos robada, pero no nos engañemos, la patronal y parte del PSOE oponen unos contrapoderes que hacen difícil avanzar al paso que a algunos nos gustaría, pero que nos permite avanzar y conseguir acuerdos para que perdure en el futuro y no sólo lo que dure este gobierno.

Cabe destacar que, por primera vez en este país, una reforma laboral va a devolver y dar derechos a la clase trabajadora, y sin duda alguna eso evidencia que el cambio de negociadores (con la entrada de Unidas Podemos y Sindicatos) es la única garantía de defensa de las trabajadoras.

El horizonte es de esperanza, no sólo por esta reforma, sino porque la precariedad significaba ser rider, y tenemos una ley pionera que reconoce relaciones laborales a falsos autónomos, les da protección social y regula la ley de la selva del neoliberalismo.

También con la aprobación del sistema de garantía juvenil plus, por el cual en un plazo máximo de cuatro meses, las personas jóvenes deben recibir una oferta de formación o de empleo y en el que por primera vez en las relaciones laborales la igualdad, la conciliación y la corresponsabilidad se toman en serio. Y no, este plan no se olvida del mundo rural, ya que contempla por primera vez la despoblación y relevo generacional en zonas rurales y enmarca medidas para zonas como nuestra provincia.

Hablando de la reforma laboral, ¿Por qué la reforma laboral beneficia a la juventud trabajadora? Porque, entre otras muchas medidas, limita la contratación temporal que nos afecta especialmente a la juventud (pasando de 36 meses a un máximo de 12 meses), incrementa las sanciones por el incumplimiento de la contratación temporal y fomenta el contrato formativo pero sin explotación, comprometiéndose a regular un Estatuto del Becario para erradicar definitivamente el abuso de las prácticas formativas.

La juventud necesita estabilidad laboral, es la única manera de poder planificar un proyecto de vida y favorecer una emancipación juvenil que lleva 14 años a la baja y supone un 16% de la juventud independizada, y este nuevo mercado laboral apunta hacia ese horizonte. Desaparece el contrato de obra y servicio, mayoritario para buena parte de la juventud, en la que me incluyo.

Además, ese mecanismo que este gobierno modificó de la reforma laboral de 2012, los ERTes se incorporan de manera estructural para poder tener flexibilización antes que despido. También la ley de trabajo a distancia supone una ventana de oportunidad para que la juventud que queremos permanecer en el mundo rural lo podamos hacer y garantizando nuestros derechos como trabajadores.

Sí, a algunos les molestará, pero por primera vez en muchos años, trabajo no va a significar precariedad.