TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Desidia

07/04/2021

Tienen que recordarlo porque sucedió hace poco-poquísimo, un 21 de octubre de 2020, cuando un Shakhtar Donetsk afectado hasta las trancas por la COVID y las lesiones, visitaba al Real Madrid bajo mínimos. Lo que se cuestionaba en las horas previas no era la victoria, sino su dimensión: cuántos goles le iban a caer al campeón ucraniano. Le cayeron solo dos… pero ellos metieron tres. Fue el ejemplo perfecto de la desidia de la que hacen gala algunos días los ‘gigantes’ del fútbol, mirando con soberbia mal entendida el horizonte, viendo un equipo menor que está hecho unos zorros y dejando de lado la motivación o la intensidad, cosas fundamentales en el fútbol actual, tan equilibrado física y tácticamente (sí, la técnica es la que marca diferencias).

El Barça-Valladolid tuvo un Valladolid inmenso porque enfrente hubo un Barça mínimo. Así son las cosas y todo buen aficionado lo sabe: para sorprender a un equipo que multiplica en 10 tu presupuesto, no te vale con tu mejor versión: necesitas que ‘ellos’ den una muy mala.

Al conjunto blaugrana le pareció que podía sestear en la antesala del Clásico, que la inercia del 1-6 de San Sebastián le valdría para llevarse tres puntos de calle o que un adversario de zona baja/muy baja no debería incomodarle demasiado. Y precisamente por eso vimos a un Valladolid estupendo, solidario hasta la extenuación, cada vez más convencido de que puntuar era posible… hasta la roja. Y aquí entra un debate más allá: ¿No habíamos quedado en que las expulsiones eran ‘zona VAR’?

El árbitro puede equivocarse en la velocidad de la jugada: Óscar va por detrás sin posibilidad de jugar el balón y Dembélé queda dolorido en el suelo. Si el videoarbitraje no le advierte a Jaime Latre de que es una zancadilla (y no una patada alevosa) y que el francés se hace daño con la rodilla de Bruno, ¿para qué sirve este ‘invento’? También hay desidia en el uso de pinganillos, por lo visto...